10 cosas que dejaste de hacer cuando te emparejaste

Las dulzuras de la soltería

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Estar enamorado es una cosa hermosa: todo se ve color de rosa, la vida te sonríe y hasta el corazón te duele de tanto que amas a tu pior es nada. Es cierto, pero aunque a veces se te olvide, hay cosas que te encantaban y que dejaste de hacer desde que estás en pareja.

No te agobies, aquí 10 cosas a las que aún puedes volver y seguir de empalagoso:

  1. Andar en fachas. Qué tiempos aquellos en los que podías quedarte el fin de semana todo el día en pants, ¡o hasta en crocs! Y si eres chilanga: cara lavada, sin pasarse el cepillo por la cabeza. Ya no sufras: tu pareja te quiere por lo que eres, no por cómo te ves… nomás no abuses. Un día a la semana, se vale; seis de siete ya son ganas de espantar.
  1. Irte al antro con tus amigos. Claro que te vas de antro con tu pareja y amigos, pero aún recuerdas cuando se iban puros compas a reventar sin parar, reírse de los mismos chistes y revivir los buenos tiempos. Para esto hay que relajarse ambos, darse un día al mes para volver al pasado, con la firme promesa y confianza que esta salida no tiene nada que ver con andar ligando.
  1. Ver lo que te dé la gana en la tele. Ser el dueño y señor –o dueña y señora– del control remoto, ¡qué maravilla! No tener que ver los programas aburridísimos que le gustan al otro, elegir la serie que ya viste un millón de veces o la que te urge ver para desvelarte toda la noche. No pasa nada: si aún no viven juntos aprovecha cuando estés solo, pero si ya comparten cama y control, hazlo cuando llegue tarde de trabajar o cuando se quede dormido. 
  1. Disfrutar del futbol/una chick flick. Sentarte con una cerveza frente a la tele a ver el Pumas-América, gritar con todas tus fuerzas el gol de tu equipo; y del otro lado, agarrar ese litro de helado de chocolate, una caja de pañuelos desechables y poner la comedia romántica de tu preferencia… sueños que pueden hacerse realidad con un poquito de empatía: chilanga, agárrale el gusto al panbol aunque sea una vez al mes, comparte su pasión; chilango, te firmo que si te pones flojito, hasta te va a gustar la peli y vas a moquear alguito. Déjate ir. No te hará daño.
  1. El primer beso. No importa que tan cursi te parezca, acéptalo: no hay nada mejor que el primer beso de tu amorcito, esas mariposas en la panza, la emoción, el cosquilleo en cada parte del cuerpo… OK, ya. Parece imposible que puedas volver al primer beso con tu pareja actual, pero no lo es. Pónganse creativos, jueguen a la primera vez, cambien la técnica, descubran nuevos besos, usen la imaginación. Todo es posible. 
  1. Tener la cama para ti solo. Dormir en posición estrella, patear, manotear, incluso hablar o ¡roncar! Ahora limitas los movimientos, aún dormido tratas de estar consciente de la persona de al lado y aguantas las quejas de los decibeles que alcanzan tus ronquidos. ¿Qué tal si, otra vez, una vez al mes se duermen en camas/cuartos separados? Sin peleas, sin mala onda, e incluso con una jugosa despedida, y cada quien se va a dormir solito como mejor le plazca.
  1. Disfrutar tu soledad. Si eres de los que añora estar solo, pasar tiempo contigo mismo, poner a girar el hámster, filosofar o simplemente estar en paz, así, sin nadie más. Hoy, cuando no estás en el trabajo/escuela, estás con tu pareja. A veces hace falta aire, tómenselo. Nuevamente, sin malas ondas ni rechazo, platícalo y regálate un par de horas al día para estar contigo.
  1. Escuchar la música que más te gusta. Típico que a ti te gusta la música alternativa y a tu pareja el pop; no tiene nada de malo, ya hasta aprendiste a oír sus canciones favoritas sin salir corriendo o mentar madres del ritmo. Pero extrañas subir el volumen, cantar y bailar las mejores rolas. Nuestro consejo: aprovecha el coche/camión/metro, ponte los audífonos si es necesario y disfruta, canta, baila (sin afectar a los de junto), pero también sin pena. 
  1. Comer tu comida favorita. De cuando no importaban las calorías, la procedencia animal o las propiedades nutrimentales de tus tacos, lo único que valía la pena era disfrutar su sabor y comer todo lo que más te gustaba. No te limites, pero tampoco abuses, si tu pareja es vegana, lánzate alguna vez con tus cuates a cenar y ¡atáscate!
  1. Hacer lo que quieras. Así de fácil, nada de que hay que ir a comer con los suegros, la fiesta infantil de la sobrinita o la cena godín de su jefe. ¿Te acuerdas cuando sólo pensabas en ti y hacías lo que te daba la gana? Es verdad, tiene su encanto, pero también lo tiene estar enamorado y disfrutar lo que le gusta a la otra persona. Si neta lo necesitas, pide un “día libre” y haz lo que te venga en gana; si no es para tanto, termina por disfrutar juntos lo que hacen.
#VolverA eso que te gusta.

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