Revista Chilango

Amor por los tacos

Febrero 2017

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El concierto deseado

Crítica Chilango


Casa del teatro

Vallarta 31-A

Entre Frente a la plaza de la Conchita y

Col. Coyoacán Centro

Horario

sáb y dom 20hrs.
Del 7 de agosto de 2010 al 31 de octubre de 2010

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Crítica Chilango

 Por José Velasco
 
La rutina cotidiana esconde una crueldad que sólo es perceptible desde fuera: la de repetirse -una y otra vez- en el aislamiento más absoluto, sin ningún testigo que confirme la falta de propósito de nuestro rosario de quehaceres. Y hay un punto en el que las manías y las obsesiones que definen el modo de habitar la soledad, se vuelven en nuestra contra: exhiben el absurdo y aguzan los bordes del vacío, hasta que la vida se transforma en un solo bloque de actividades mecanizadas, en el que derramar café sobre la mesa, puede ser el detonador de una decisión irrevocable.

Esta versión libre de El Concierto Deseado de Franz Xaver Kroetz, dirigida por Mariana García Franco, explora el intricado proceso que puede llevar a un ser humano a reconocerse al borde del abismo. Nos muestra a una mujer (Stefanie Weiss) que realiza una serie de tareas en apariencia insignificantes: lavar los trastes, preparar el café, ir al baño, mirar por la ventana, preparar un sándwich, etc. En el proceso presenciamos los cambios sutiles de sus emociones: desde el hastío, la indolencia y la frustración, hasta súbitos chispazos de buen humor. La luz del atardecer entra por la ventana, y completa ciertas escenas que bien podrían funcionar como cuadros poéticos de la ritualidad que entraña la vida cotidiana. De pronto, la transmisión de una radio nos da ciertos indicios de lo que le ocurre al personaje, que reacciona a los estímulos de la música y permanece extrañada ante las  grabaciones. Esta es la relación menos lograda del montaje: la tensión generada por la expectación a que la mujer rompa su propio silencio, se diluye en una serie de canciones un tanto sentimentales. Por el contrario, los videos proyectados en la televisión enrarecen el ambiente y atrapan la atención del espectador.También se percibe un cuidado minucioso en el ensamble de los diferentes elementos: iluminación, disposición espacial de los objetos, ritmo de las acciones, etc. Y por supuesto, está también el gran trabajo actoral que alcanza a transmitir la luminosidad de ciertos momentos que rozan la epifanía; y otros donde lo que domina es la grisura y la apatía de una existencia frenética y obsesiva.

La obra compone una exploración sincera de la soledad, y entrega un retrato detallado sobre la vida de un personaje que -sin decir una sola palabra- mueve las fibras del espectador y da pie a imaginar las circunstancias que la tienen en vilo. Cabe destacar el diseño de escenografía e iluminación de Jesús Hernández, y el trabajo de asistencia de Marco Norzagaray. Entre el gran número de montajes que se presentan en la ciudad, este definitivamente vale la pena por su inteligencia y por el riesgo que implica su propuesta. ¡Aprovechen y vayan al teatro!

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