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Tel. 52862458
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Horariosáb 18 y 20:30hrs, dom 18hrs.Del 6 de agosto de 2010 al 31 de octubre de 2010 |
Precios
TC:
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Por José Velasco
Retomar L'Ilusion Comique de Pierre Corneille, un texto de la dramaturgia francesa del siglo XVII, en base a la versión libre del norteamericano Tony Kushner (ganador del premio Pulitzer en 1992 por su obra Angels in America: A Gay Fantasia on National Themes), presenta una serie de retos que hacen de este montaje un esfuerzo importante por aprehender de la eficacia de los textos clásicos, muchos de los cuales -al menos en lo que a estructura refiere- continúan siendo ejemplos preclaros en el arte de desarrollar historias. Esta compleja urdimbre de acontecimientos y peripecias mantiene la atención del público y contribuye a recuperar la vigencia de un texto que -en un primer acercamiento- podría tacharse de anticuado.
La anécdota va como sigue: Pridamante de Aviñón (Alonso Iñiguez) es un abogado insensible quien -tras quince años de no ver a su hijo- decide reencontrase con él. Su búsqueda lo lleva hasta la cueva del hechicero Alcandro (Andrés Tena), quien le muestra a su hijo envuelto en circunstancias que progresivamente se van esclareciendo. Al modo del teatro dentro del teatro, Alcandro y Pridamente asisten al desarrollo de una serie de historias que abrevan del imaginario romántico y de las figuras del amor clásico. A todo esto, permanece la reflexión sobre los espejismos y las distorsiones que provoca el amor: ¿hasta qué punto la visión del otro se nubla tras los ropajes del ideal?; y ¿en qué nivel se toca el fenómeno teatral con las maquinaciones del juego amoroso?
La dirección de Mauricio García Lozano apuesta por el trabajo de los actores (recién graduados de CasaAzul), y logra caldear el espacio (el Foro de Vitrales Casa Azul) al disponer ciertos elementos a la manera del teatro de carpa. La escenografía (un tablado interconectado con un corredor largo con trampilla), y la iluminación de Jorge Ballina, contribuyen a generar una atmósfera íntima que completa con fortuna la propuesta estética. Aunque las actuaciones son irregulares (sin carecer de momentos que reflejan un alto potencial histriónico), la puesta en escena nunca se derrumba y logra transmitir el espíritu de la obra original. Se agradecen este tipo de proyectos que van encaminados hacia la profesionalización de los actores, y que -a pesar de esto- tienen la valentía de abrirse al ojo crítico del público.