¡A toda madre!
Mayo 2012
No. 102
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Por José Velasco
Un grupo de pacientes aquejados por diferentes tipos
de TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo), coinciden en la sala de espera del
célebre doctor Kupper. Ahí, los 7 personajes comparten sus manías y tratan de
enfrentarlas mientras esperan la llegada del médico. A través de la
caricatura, el humor simplón, el escándalo y la leperada gratuita, se busca
conseguir el efecto cómico.
Posiblemente yo sea el amargado, pero cuando un espectáculo promete que
"¡enloquecerás de risa!", y apenas logra arrancarte un par de risillas
timoratas, es el diagnóstico inexorable de que algo anda mal. Y si digo que yo
soy el amargado es porque el resto de los espectadores aparentaba estar pasando
un buen rato; pero eso sí, muy lejos de estar muriendo a carcajadas.
No quiero ser imparcial y hacer una crítica desde el
profundo tedio que me asaltó en la butaca, pero no tengo otra alternativa. Algunos
dirán que esta obra no tiene más pretensión que divertir y ser un
entretenimiento ligero, y que una
crítica dura sería un despropósito; sin embargo, cuando una función se
publicita a los cuatro vientos y asegura un trabajo "lleno de ingenio y humor",
está obligada a -por lo menos- dar de que hablar.
Para decirlo de una vez: es una "obra plástica", montada sobre una fórmula sencilla y eficiente, que fundamenta su éxito en la exageración de los clichés dramáticos y en la celebración de la bobería. Y cuando creías que no podía estar peor aparece el recurso moralino: "las patologías se corrigen cuando dejamos de fijarnos en nosotros mismos." Aaaaaaaahhhh... qué gran mensaje.
Si lo tuyo es el humor ultraligero esta obra te puede gustar. Como después de comer un Mctrío te dejará un sentimiento de culpa por haber reído con tanta sandez. Aunque ya lo dije, posiblemente yo sea el único amargado.
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