Por el placer de volverte a ver

Madre sólo hay una

Cortes?a.

Parecería que las pequeñas producciones de Ocesa Teatro sufren de lo mismo: se conjuntan elementos valiosos por sí mismos –como untexto interesante–, buenos actores o un director de talento, pero, al final, el resultadono cuaja. Ese el caso de Por el placer de volverte a ver. ¿Por qué?

En esta puesta en escena asistimos a una sesiónespiritista en la que Michel Tremblay –uno de los dramaturgos canadienses másexitosos de hoy–, con las herramientas de su oficio, invocará y evocará en seisescenas la figura de su madre: parlanchina, fantasiosa, exagerada, a vecessolapadora, nunca dura y siempre fiel al amor que siente por su hijo máspequeño.

No veremos desfilar sobre el escenario a ningún personaje taciturnocon la pregunta: ¿ser o no ser? Ni a ningún polaco desgarrarse la camisamientras berrea el nombre de su mujer, nos advierte Tremblay. No, el únicopersonaje será esa mujer "que lo enseñó a soñar".

Hasta aquí, el texto cumple: la propuesta es atractiva porqueresuena emocionalmente en cada uno de los espectadores (todos tenemos una mamáasí, ¿o no?) La frustración aparece con la puesta en escena.

Primero, el "teatro" del Hotel NH Mexico City es como un foro parafestivales artísticos de preparatoria. Estaba bien para los monólogos feminazisde Eve Ensler, que no exigían más que una silla y un micrófono.

Luego vienen los actores: aunque Héctor Suárez Gomís es un actorsolvente, con tablas y hasta encanto personal; la elección de Beatriz Martínezcomo la madre, que sostiene la obra con sus seis casi-monólogos, esabsolutamente desafortunada. Su registro actoral es mínimo -por no decir que esplana- y su acento argentino no ayuda y distancia. ¿Quién empatiza con unamamita de acento argentino a menos que sea argentino o hijo de argentinos?

¿Y la dirección de Claudia Romero? Pues se limita a marcar losmovimientos en el escenario. No hay rastro de un trabajo a profundidad deHéctor o la señora Martínez con el personaje que encarnan. Resultado: unarelación entre actores apenas superficial que intenta empatizar con el públicomediante la risa facilona.

Por último pero no menos importante, la escenografía y el diseñode luces de Por el placer de volverte a ver son lo más desafortunado de toda laproducción. No tienen un propósito escénico, sólo son decorativas o utilitariasy en el caso de la iluminación, inexistente. Eso y el micrófono que utilizanlos actores, esfuma los matices emocionales de una obra que es el reflejo deuna nostalgia y el homenaje de amor de un hijo agradecido a una madrefantástica en todos los sentidos.

Por el placer de volverte a ver

De Michel Tremblay
Dirección de Claudia Romero
Con Héctor Suárez Gomís y Beatriz Martínez
Teatro del Hotel NH Mexico City
Planta Baja del Hotel NH Mexico City
Liverpool num. 155, Zona Rosa
Viernes 7:30 y 9:30 pm; sábados 6:00 y 8:00 pm y domingos 5:30 y7:30 pm.
Entrada general $350