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HorarioVie (15, 20:30), sáb (13, 19:30), dom (13, 18:30), mar (20:00), mie (20:30), jue (15, 20:30) |
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Por Isabel Silva
Es un error, pero es inevitable comparar la obra musical de Mary Poppins con la película, porque se corre el riesgo de sufrir un desencanto; nada será más memorable que la nana en su anticuado atuendo de principios de siglo y su paraguas con mango de perico contestón. Nada. Pero el musical se defiende.
El filme de 1964, estelarizado por Julie Andrews, es una adaptación de Walt Disney sólo del primer libro, titulado con el mismo nombre, de una serie escrita por P.L. Travers. En cambio, el musical del productor Cameron Mackintosh incluye personajes y escenas del resto de los libros.
Si la película resultó entrañable era porque Mary Poppins, Bert y cada unos de los demás personajes estuvieron estupendamente caracterizados. En la obra, sin embargo, sólo Mary (Rachel Wallace) y Bert (Nicolas Dromard) y algunas cortas apariciones –como la de la mujer de las palomas y una nana de muy mal genio– se llevan las palmas.
Quizás, más allá de una escenografía colorida y llamativa, las coreografías son lo más espectacular. Ya en la película los bailes de Bert o el de éste con los deshollinadores son impresionantes; en el musical, con una orquesta en vivo (clásica de producción de Disney), la agilidad y coordinación de los bailarines despiden una energía impresionante. “Supercalifragilisticexpialidocious” acelera el pulso.
Ojo: los niños podrían perder la pista de la historia porque la obra se presenta en inglés, con subtítulos…