¡A toda madre!
Mayo 2012
No. 102
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Por Roberto Marmolejo
Carlos III es rey de España: de Asia a América, en 1767 el monarca Borbón gobierna medio mundo. Ese mismo año, los miembros de la orden jesuita, acusados de conspiración contra él, son expulsados de cada rincón de este imperio donde eran educadores, misioneros, intelectuales y guías espirituales.
Con este episodio de la historia, el dramaturgo mexicano José Ramón Enríquez ha escrito un poema dramático en dos actos, 13 cuadros y un intermedio que repasa y reflexiona sobre las penas y glorias, el exilio y dolor por la patria perdida de los jesuitas de la Nueva España. Y su corolario: la grandeza intelectual de estos hombres, los primeros en sentirse “mexicanos”.
Para llevarlo a escena, el director Luis de Tavira, experto en los recursos del teatro épico de Brecht, escoge cuidadosamente cada elemento de su montaje para apuntalar la propuesta de Enríquez: un coro masculino que enfatiza el carácter laudatorio de la obra; una escenografía modular que se transforma en cada cuadro para llevarnos de Tepotzotlán a Bolonia y de Madrid a Puebla o Veracruz y seguir el martirologio de los hijos de Ignacio de Loyola con un reparto amplio: Blanca Guerra, José María de Tavira, Marina de Tavira y Rodrigo Murray, que encarnan personajes históricos y ficticios. Y una producción que viste y desviste a los actores y el escenario que se pone al servicio de una tesis, que el espectador debe captar no con sus emociones –o no sólo mediante ellas como en el teatro naturalista– sino con su inteligencia y criterio.
Desafortunadamente, entre el texto de Enríquez y la puesta en escena de Tavira, hay una sinergia negativa: ¡oh qué buenos eran los jesuitas, ah qué pérdida para nuestra historia, oh qué injusticia se cometió! Y así machaconamente, cuadro tras cuadro y durante dos horas.
Ambos creadores olvidan la parte oscura de la Compañía de Jesús: su papel en la Contrarreforma, su coalición con el papado, su poder económico... Entonces, La expulsión se convierte en una fiesta celebratoria del pasado jesuita (con guiños al presente). Sin crítica y sin comentarios contrastantes, la invitación a pensar o reflexionar que proponía Bertolt Brecht en su teoría teatral, se diluye en un mar de elogios de jesuitas para jesuitas.
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