Crítica Chilango
Por: Bartolomé Delmar
Un pequeño caballo de madera nos encuentra en la sala. Podría parecer intrascendente, una referencia olvidable a la leyenda de Troya, pero adquiere su verdadera dimensión cuando entendemos que es la maqueta de una obra monumental: en 1997 fue construido un potro colosal en la frontera de Tijuana y San Diego, con dos cabezas que miraban tanto a México como a Estados Unidos. Una Troya distinta, donde los ejércitos humanos invadían ambos lados.
Con esa obra, Marcos Ramírez “ERRE” consolidó su firma dentro del mundo del arte. Brincó súbitamente a esa plataforma, después de que el otrora abogado y carpintero tuviera que desahogar sus emociones ante la complejidad política y social de la Tijuana que habitaba. Ahora presenta una retrospectiva, bien nutrida de su obra que se antoja memorable.
La muestra incluye piezas nuevas y viejas, plantadas sin diferencia entre ellas, y arroja luz al propio proceso creativo del artista. Vemos muchas de sus construcciones, toscas como los temas que toca (una cama de clavos con el mapa de México, por ejemplo), siempre matizadas por el recuerdo de una zona de nuestro país en donde convergen culturas, violencias, libertades y complicaciones políticas.
“ERRE” es un artista de la frontera, un creador que nos sumerge en el día a día de las particularidades de la división geográfica en un mundo globalizado. Esta vida en el límite se vive, se respira, duele y reflexiona en La reconstrucción de los hechos. Una maravilla.