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Tel. 5553-6233
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HorarioMa-Dom, 10:15-17:30 hrs. |
Precios
TC:
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Si pensamos en los momentos de mayor altura y trascendencia en la historia de la fotografía mexicana, nos encontramos de manera irremediable con dos nombres consagrados: Manuel Álvarez Bravo y Graciela Iturbide. Ambos personajes, no por coincidencia, estuvieron fuertemente vinculados entre ellos.
De Álvarez Bravo, Graciela Iturbide (México, 1942) aprendió a intuir la fuerza hipnotizante del paisaje folclórico mexicano. Como su asistente y discípulo, tomó las profundidades cromáticas del maestro oaxaqueño, centrando en su imaginario de blancos y negros la belleza de los contornos más básicos del país: el campo, su gente, el vestido, sus dinámicas de género. Sin esa guía inicial, se antoja difícil que la exitosa fotógrafa pudiera haber alcanzado los reconocimientos históricos que ha gozado.
Sin embargo, si algo demuestra la Retrospectiva presentada en el Museo de Arte Moderno, es que Iturbide encontró y reforzó su autonomía desde años tempranos. Su obra refleja un amor profundo e intrigante al país que sirve de modelo, dejando atrás los surrealismos aparentes de su mentor y enfocándose en las poderosas imágenes que encaran la humanidad más pura de lo mexicano.
Cuarenta años de trabajo, compilado en cientos de imágenes inéditas y reconocidas, se concentran en los 8 núcleos temáticos de la exposición: retratos personales, series con indios sonorenses, la legendaria "Nuestra señora de las iguanas" que toca la región juchiteca, rituales, fronteras, jardines, museos, y claro, un pequeño y flamante homenaje a Frida Khalo. Una colección compleja en lo temático que no deja nunca de tocar las fibras elementales de la fotografía de Iturbide: místicas realistas, realidades mágicas e íntimas, una pasión innegable por el fenómeno de la cultura.
"Son fotografías intensas, hipnóticas, fascinantes y, a la vez, están profundamente asentadas en lo real", dice Martha Dahó, curadora de la muestra.
Por esa extraña combinación de factores, disímiles pero muy de lo nuestro, es que Graciela Iturbide se ha convertido en objeto de leyenda; en 2008 fue receptora del Premio Haselblad de Fotografía, el más prestigioso reconocimiento dentro del campo.
Fundamental para todo iniciado y principiante en los asuntos del arte.