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Tel. 5545-6645
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Horariolun-sáb 10-14hrs/ 17-19 hrsUsuarios: |
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La obra de Oswaldo Ruiz se ha destacado por el imaginativo uso teatral de la iluminación en fotografía y video. Desde sus trabajos anteriores es patente la importancia de la construcción de atmósferas narrativas y lo ha llevado en esta ocasión a una exploración ulterior de estas posibilidades simbólicas y teatrales de la imagen.
La idea del viaje, exterior e interior, es fundamental para este proyecto donde Ruiz va al encuentro de escenarios naturales que corresponden con una excitación interna, de origen psicológico. Los objetos fotografiados se vuelven así representaciones de fuerzas inconscientes que trascienden su estado físico. Su búsqueda va desde las antiguas torres irlandesas, que fueron utilizadas en la Edad Media para la vigilancia y la defensa; hasta las imágenes oaxaqueñas del quiote, la flor del maguey, que se vuelve una metáfora de la fuerza interna y de su insistir, incluso en antagonismo con la muerte.
Los momentos de su travesía se van fijando en imágenes convertidas en monumentos al estado vibratorio actual de los cuerpos. Desde el cuerpo de una civilización colapsada prematuramente, el distrito de riego "La Quince" en el norte de México; hasta la puesta en oscilación de un monumento al origen de nuestra sociedad de vigilancia, la cárcel Kilmainham, en Dublín. Esta cárcel fue una de las primeras en adoptar la "visión total" decimonónica del Panóptico, lo que cambió la forma en que el Otro social vigila y marca al cuerpo individual. Siguiendo esto, en otro pasaje de su travesía, el artista somete su cuerpo a esta marca del Otro, realizándose un tatuaje indeleble en Oaxaca, como un monumento perenne en su piel, que aumenta las resonancias del proyecto.