Chilangas encarceladas por ver a los ojos a los hombres

En el siglo XVII, las cosas eran muy diferentes en lo que ahora es la Ciudad de México. Las mujeres debían bajar la mirada para evitar la cárcel

Mujeres encarceladas
Foto: Shutterstock

Así como lo lees. Platicamos con Juan Carlos Hernández Meijueiro, Psicólogo Social de la UAM Xochimilco y educador en Sexualidad Humana por la Universidad de Querétaro y por la Fundación Mexicana para la Planeación Familiar (MEXFAM), quien nos contó cómo era la situación de las chilangas hace muchos siglos y cómo permearon las costumbres restrictivas, impuestas en aquel entonces, hasta nuestros días.

Vayamos por partes, pues esto no siempre fue así. En el siglo XVII, la CDMX era algo como la ciudad del pecado. “Había mucha prostitución. De hecho, las españolas venían para acá porque en España comenzaban a regular la prostitución. Incluso en 1530 a las prostitutas de ese país se les obligó vestir como monjas, lo que generó que sexoservidoras y monjas se unieran en una protesta para que esta disposición se eliminara. A las monjas les solicitaban ‘trabajos sexuales’ y a las sexoservidoras les decían ‘adiós, hermana’”.

Por el contrario, aquí en México las mujeres tenían muchas más libertades que en Sevilla o en Madrid. “El negocio de la era boyante, la Inquisición no había llegado. En los pueblos la Inquisición era raro que se enfrentara”.

Sin embargo, con el paso del tiempo, esto dejó de ser del agrado de todos. “En el libro ‘Los demonios en el convento’, de la editorial Era, Fernando Benítez relata cómo se impusieron a las mujeres por ‘sublevarse’ ante los hombres. Cuenta que en el siglo XVII existió un obispo llamado Francisco de Aguiar y Seijas a quien le parecía muy pecaminosa la situación que se vivía aquí”. Las mujeres no usaban velo, andaba descalzas, como las indígenas, y… (música de suspenso): miraban a los ojos a los hombres. Esto resultaba algo verdaderamente alarmante, por lo que pide una ordenanza para que ellas no fueran tan ‘atrevidas’ con los hombres en la calle. Por tanto, se declaró que quienes miraran a los hombres a los ojos podían ser violadas, ya que cometían el delito de provocación.

Posteriormente se crea una cárcel para ellas ubicada muy cerca del Claustro de Sor Juana donde actualmente se encuentra el registro civil, llamada el Belén, en donde se les podía llevar sin proceso por el simple hecho de haber sido denunciadas por cualquier hombre, ya fuera el policía de la esquina, el esposo, el hijo o el papá. Recibían cadena perpetua por este “delito”.

El Belén, nos contó Juan Carlos, quien también es director general de Oikos Centro Integral, se convirtió en un sitio de encierro de mujeres atendida por monjas de clausura hasta el siglo XIX, que es cuando se cierra con las Leyes de Reforma. En ese momento se instituye que ninguna mujer sería encerrada sin algún proceso.

Mientras tanto las mujeres debían caminar con la mirada puesta en la banqueta, tapar su cabello con un velo y sus manos con el rebozo, pues todo podía ser motivo de provocación. De lo contrario era sujeta a ser violada y acusada de ser “igualada”. Pero esto no sólo aplicaba a todas mujeres que caminaran por la calle -criollas, mulatas, indígenas o mestizas, no importaba su origen étnico- sino que también aplicaba para las que estuvieran casadas, cuyos maridos se hubieran hartado de ellas. Es decir, si querían cambiar de esposa, sólo las acusaban de provocativas y las encerraban para siempre.

El dato de terror: en 1996 se cierra el último de estos sitios de encierro de mujeres en el mundo. De hecho la película En el nombre de Dios retrata estos lugares donde se privaba de la libertad a las mujeres sin ningún cuestionamiento.

Pero, ¿qué pasa cuando cierran esta cárcel aquí en México? “Las reglas en las casas no cambiaron”, dice Juan Carlos. Las mujeres seguían siendo sujetas al escrutinio social y a taparse completas. De hecho surge en el siglo XIX un modelo de erotismo en donde se ensalza los talones y las pantorrillas, pues era lo único que se les podía ver. Es aquí donde se crea mucha poesía mexicana erótica en torno a esto.

En la actualidad no es poco común que las mujeres agachen la mirada, como algo que permeó hasta nuestros días. Sin duda un símbolo de violencia de género que limita la libertad de la mujer. ¿Qué les parece?