Caprichitos femeninos más odiados

Los caballeros los soportan con estoica paciencia

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Y ahí están, conquistando a esa chica: tímida, callada, inocente tiene la mirada… Siguen el protocolo: que la cena en un restaurante finolis, que  los boletos en primera fila para verle los espacios entre los dientes a los de Mercurio, que las flores semaforeras antes de llegar a su casa… Toda una serie de eventos que suelen funcionar para ganar el corazón de la que les roba suspiros.

Pero la cosa no termina ahí, una vez que la relación va avanzando se tienen que chutar algunas costumbres que no siempre soportan.

Aquí te presentamos los 10 caprichos femeninos que más odian los galanes:

1. El clásico de la ensalada

Llegan al restaurante de cortes más top del momento. Se sientan, les dan la carta y cuando se acerca el mesero, ella pronuncia las palabras: ‘Una ensalada César, por favor’. ¿Qué? ¿Es en serio? ‘Ay gordo, es que mis lonjitas ya saludan a todos’. ¡Por favor! ¿A poco hoy se les ocurrió comenzar la dieta? Ay, no se engañen.

2. Sólo 5 minutitos

‘Ya casi estoy, sólo dame un ratito’ y ese ratito finalmente termina en ‘ote’ y fregose la cosa. El galán en cuestión se queda horas sentado en la sala, conviviendo con Pulga (en el mejor de los casos), con el suegro cuestionándoles sobre su ‘oscuro’ pasado, con la mamá que les muestra fotos de su pequeño retoño en su primer día en el kínder… Si se van a tardar más, no hay fijón, sólo avisen con tiempo. No hay que ser.

3. ¿Te gusta cómo me veo?

Pregunta delicada, muy delicada. Ya que están ‘listas’ se les ocurre preguntar, “¿crees que se me vea bien este vestido?” Si contestan que sí, salen con un ‘no te importa, me estás dando el avión’ y si dicen que no, se tiran al drama que porque ya no le gustan a su hombre. Oh, qué la…, ¿entonces para qué preguntan?

4. Y nos dieron las 10 y las 11…

Mujeres, sépanlo: entrar a una tienda donde todas las mujeres parecen autómatas presas de la publicidad tratando de ver qué comprar no es divertido. Anden, compren, dense vuelo, ahí luego los llaman.

5. La terapia de las amiguis

Ale está destrozada porque su novio le puso el cuerno. Sí, a ellos también les parece que se pasó de lanza, pero eso no significa que quieran ir a darle terapia a su casa (con helado y películas de comedia incluidas).

6. El fin de semana me dejó fatal

Sí, a ellos les gusta convivir con sus amigos. Sépanlo. Con cervezas, fútbol y pies sobre la mesa. No, tampoco se quieren bañar ni rasurar. ¿No ven que por eso los llaman homo erectus? No les pidan que cancelen… porque ¡no lo harán!

7. Nada, no tengo nada

“Oh, gran virtud de la paciencia, ¡multiplícate!” Si están enojadas porque sus galanes llegan tarde o porque no pasaron a recoger a Pulga al veterinario o porque no saludaron a sus mamás con la suficiente efusividad que ustedes quisieran (tienen toda la razón), ¡díganlo! No salgan con un “NADA” cuando les pregunten qué tienen, ni se queden calladas con cara de hece fecal el resto de la tarde. ¿No que hablando se entiende la gente?

8. Posponer el sexo

Hoy salen con las amigas de la prepa, mañana con las de la secundaria, pasado mañana van a cuidar a los sobrinos, total que se convierte en una fila interminable de pretextos que hacen que sus novios regresen a su condición de vírgenes y… con un humor endiablado. Bajo advertencia, no hay engaño.

9. Que se compren mil bolsas y usen dos

Todo bien, usen su dinero para lo que les venga en gana, pero eso de comprar cientos de miles de bolsas para llenar el clóset (y dejarles a sus machines un micro espacio para achocar sus cosas), pues tampoco se vale, ¿no?

10. ¿Y si te pones otra cosa?

La onda del traje no es lo que más les emocione, así que tratarán de evitarlo a toda costa. Ir bien vestidos significa eso: ir vestidos, punto. Los hombres no son los más truchas para saber si el ‘outfit’ que tienen es el más indicado para la ocasión. Así que por favor, no les compren revistas de moda: ¡no los hagan vestirse como ñoños!