Ah, ¿quieren nuestro voto?

Ahí les van unas ideas para su campaña

Consultamos a varios chilangos para saber su opinión sobre las campañas políticas de los últimos años y nos dimos cuenta de que todos están cansados de la dinámica aburrida y sin creatividad. Elección tras elección sucede lo mismo: mucha basura, ideas negativas, imágenes con las que no nos identificamos, entre muchas otras cosas…

Por lo mismo, decidimos hacer esta nota, donde proponemos nuevas ideas para los futuros funcionarios.

Dicen que quejarse no soluciona nada, lo mejor es proponer; así que aquí están nuestras peticiones, señores precandidatos:

 

1. Cambiar las fotos de muñeco de ventrílocuo por fotos más reales

No sabemos si existe un asesor de imagen política tan tonto como la consultora de moda que le dijo a Lindsay Lohan (y a todas esas) que parecer un palo y pintarse los pelos de blanco sería una gran idea. Suponemos que a los políticos les dijeron: tienes que poner cara de flatulencia atorada, ponte toneladas de gel, invierte en dientes postizos (que se vean falsos) y ve hacia el cielo. Los detalles te los quitamos con Photoshop. ¡Qué tontería!, como si una foto tan forzada nos diera confianza. Por eso les proponemos cambiarla por algo más real, sin tanta pose. Una foto donde se muestren tan cual son. Pueden elegir una guardándose ligas, enviando efectivo por avión, espiando a sus rivales, mostrando a sus hijos ocultos… ya saben, esas cosas que de todas formas se sabrán.

2. Cambiar las pancartas de la calle por un programa de televisión

¿Qué les hace pensar a los políticos que por medio de miles de pancartas ganarán votos?, ¿qué parte no entienden de “calentamiento global”?, ¿sabrán lo contaminante que resulta esto, tanto visualmente como para el medio ambiente? Suponemos que no, y si lo saben, les vale. Así que por medio de esta nota se los decimos con mayúsculas: NO QUEREMOS MÁS PUBLICIDAD INVASIVA Y TÓXICA. En lugar de eso proponemos invertir esa fortuna en obras de caridad, ¿qué no ven la situación de los tarahumaras?, por ejemplo… Ash, ya sabemos que les vale.

Mejor imaginen que al finalizar sus campañas todos los precandidatos entraran a una especie de Big Brother, donde entregaran cuentas de qué fue lo que hicieron para convencer al pueblo de que son los mejores. Eso sí que nos gustaría. Y que se agarraran a trancazos adentro, en vez de estar mandándose mensajitos en los noticiarios, nos ahorraría taaantas sandeces… 

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PT (Clauvers)

3. Cambiar las campañas aburridas por publicidad hecha por los mejores creativos

A nadie nos transmite nada un anuncio que diga: “Vote, es importante” o “Partido wachinfor. Por ti”. Por no mencionar el lamentable diseño con el que hacen sus pancartas. Parecen figuras prediseñadas de Word, ¿por qué si invierten millones en imprimirlas, no invierten en un buen anuncio? Les sugerimos consultar a las agencias de publicidad más fregonas del país, alguien que los oriente, que les diga qué no deben hacer (que es todo lo que están haciendo). Les aseguramos que de esta manera, captarán la atención de muchos jóvenes (por si no lo saben más de la tercera parte de la población).

Ah, y que sus creativos decidan, no sus asesores. Neta, hay más vida fuera del lamebotismo de las oficinas de gobierno. Tip: no canten, no salgan como padres de familia ejemplares, no nos sonrían como presentadores de infomerciales. Si pueden, ni salgan a cuadro, eso nos daría más confianza.

 

4. Cambiar promesas al aire por compromisos que podamos palomear en una página de internet y que podamos evaluar posteriormente

No sabemos qué fenómeno extraño sucede después de las campañas, pero pareciera que el Alzheimer nos ataca. Los candidatos prometen miles de cosas y al final no cumplen y, si lo hacen, es a su manera. Por eso, la solución sería que lo que prometieran lo llevaran tatuado en la frente o, por lo menos, tenerlo disponible y calificable para preguntarles cada mes: ¿dónde están los resultados? De no cumplir, aplicaríamos una nueva ley que los obligara a ser destituidos del cargo. Obvio, vivirían por siempre con sus tatuajes “mentirosos”.

Nada de que “entregamos la carretera tal”, que es una embarrada de chapopote en la tierra, que ya no sirve al mes y que “construyó” un familiar suyo.

 

5. Cambiar los discursos molde por pláticas alivianadas

Nos imaginamos lo que debe ser estar dos horas en un mitin político, escuchando el discurso aburrido y con el mismo tonito de todos los precandidatos. Debe ser como la misa en latín de siete de la mañana a la que nuestras abuelas nos obligaban a asistir. Lo único que lográbamos escuchar era un zumbido de abeja a lo lejos, mientras cerrábamos los ojos. Por eso proponemos que cambien sus discursos (que suenan tan falsos) por pláticas más amenas y con puntadas (así por lo menos nos entretendrían).

Ese tonito de padrecito de rancho con palabras pomposas y viejitas no se los cree nadie. Ah, y si les preguntan algo, respondan directo y al grano, no dándose una vuelta por las palabras para no responder. 

6. Preparar a sus familiares 

No pueden arriesgarse a que sus familias arruinen el sueño de su vida. Antes de lanzarse a la candidatura, internen a sus familiares en un reformatorio donde las obligaciones diarias consistan en: leer, aprender a respetar, conocer la historia del país y, sobre todo, un curso intensivo antiprepotencia (y si se puede, deben estar “jurados” al menos durante la campaña). Al menos díganle a sus hijos mirreyes y a sus princesitas que finjan ser gente sencilla y con sentido de la responsabilidad.


 

7. Cambiar lo que “se dice sobre ellos” por biografías profesionales

Todos podríamos decir maravillas de nosotros mismos: “Hola, soy carismático, talentoso, lleno de virtudes y sexy”, pero la realidad es que nadie sabe con quién está tratando hasta que la verdad sale a la luz. Por eso debería de existir un espacio que difundiera sus verdaderas biografías, hechas por investigadores privados e independientes, sin pelos en la lengua y directas al grano. Si se dicen cosas feas de su pasado, que salgan y se divulguen o se desmientan de inmediato.

Candidatos, recuerden que la verdad, tarde o temprano, sale a luz. Y si se echaron su canita al aire, mejor cuéntenos para que nos aburramos rápido de su vida privada y vayamos a las cosas más importantes.

 

8. Cambiar los tamales y los atoles para sobornar a los votantes por educación

Señores precandidatos, no sean hijos de su… ¿cómo es posible que caigan tan bajo?, ¿de verdad recurren a cosas como dar tamales y atole por un voto? Tengan decencia y calidad humana. No se aprovechen del hambre de la gente para sus juegos sucios. Ayuden por gusto y no por conveniencia; de eso se supone que se trata su trabajo. Aprendan a dar conocimiento al pueblo, enseñen la historia de su partido, quiénes son ustedes y cuál es el valor del voto. Abusar de esa manera es comenzar mal y por ahí dicen que “lo que comienza mal, termina mal…” No nos dan confianza.

Y no nos ofrezcan regalitos: es como darle premios a las focas por hacer un truco.

 

9. Elegir asesores de campaña y redes sociales que no sean sus cuates o sus lacayos

¿Quién maneja sus redes sociales?, ¿su primo de confianza?, eso parece… No es posible que tengan errores garrafales. De igual manera, sus asesores de campaña deberían ser la voz de los ciudadanos, no sus elogiadores profesionales.

Contraten personas con visión y noción de la realidad, no pueden seguir arriesgándose de esa manera. Cambien sus twitters, denle un giro más alivianado, repetimos, acérquense a los jóvenes. Si tuitean “entregando apoyos en la comunidad tralalá”, tengan por seguro que nos dan flojera.

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