Consejos para un joven cineasta, por Béla Tarr en el FICM 2017

Admirado por cineastas como Gus Van Sant y Carlos Reygadas, Béla Tarr fue reconocido durante el XV Festival Internacional de Cine de Morelia

Béla Tarr
Foto: Cuartoscuro

La entrega de la Medalla Filmoteca UNAM al director húngaro Béla Tarr fue uno de los eventos más esperados de la edición número 15 del Festival Internacional de Cine de Morelia.

Después de la ceremonia de premiación, se proyectó El caballo de Turín, anunciada como la última película en la trayectoria de Tarr.

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Béla Tarr y László Krasznahorkai

Si bien El caballo de Turín se estrenó hace seis años, vale la pena recapitular algunos detalles de su trama. El argumento inicial parte de una famosa anécdota de Friedrich Nietzsche: en Turín, el 3 de enero de 1889, antes de padecer un colapso nervioso que se extendió y degeneró hasta el día de su muerte, el filósofo alemán lloró sobre la crinera de un caballo latigueado por un cochero.

Casi un siglo después, Tarr escuchó la anécdota durante una lectura de László Krasznahorkai —uno de los escritores más importantes en la actualidad—, con quien trabajó en películas como Satantango y Las armonías de Werckmeister, las cuales también están inspiradas en dos novelas de Krasznahorkai: Tango satánico (título recién publicado en nuestro idioma bajo el sello de Editorial Acantilado) y Melancolía de la resistencia.

Este suceso en la vida de Nietzsche hizo que Krasznahorkai y Tarr se preguntaran, durante varios años, qué había sucedido con el caballo.

“Del caballo… no sabemos nada”

La historia de la cinta se desenvuelve en los seis días posteriores al colapso nervioso de Nietzsche, cuando el cochero regresa a la cabaña donde vive y las primeras acciones del caballo son dejar de comer y negarse a avanzar. Durante cada día, los recursos materiales del cochero y su hija se agotarán paulatinamente y un viento que nunca se detiene destruirá todo lo que hay en el exterior.

Béla Tarr Turín
Foto: Especial

Consejos a un joven cineasta

Aunque el argumento parezca desencantado, después de escuchar las ideas de Tarr sobre el cine, El caballo de Turín puede entenderse como una película en la que la destrucción es vista con piedad.

«La expectativa es siempre hacer algo humano; no importa si es alegre o feliz y tampoco importa la técnica. Sólo quiero ver la vida real en la pantalla», dijo el cineasta durante una sesión de preguntas y respuestas con el público. «Quiero saber quién eres y cómo ves el mundo; quiero que me sacudas y me muevas».

«Ama a la gente y nunca juzgues a nadie. Sé tú mismo, dedícate a observar, muestra lo que ves y salva la vida», continuó como aconsejando a los jóvenes cineastas. «Después compártelo, sólo el espectador te podrá decir si lo que hiciste fue parte de tu ego o en verdad tuviste la intención de provocar. Si te preguntas qué hacer, lo más importante es sentir empatía. Sólo te tienes a ti mismo, así que debes expresarte e intentar mejorar este mundo. El mundo está jodido y tú puedes cambiarlo».