Aquella Titánica Mancuerna

Aquella Titánica Mancuerna

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Inclementes vientos en una turbia y fría noche. Inmisericorde es Ciudad Gótica. Espeluznantes gritos suenan cada vez más cerca. Por callejones impregnados de peste, hasta las ratas se escabullen. Al interior de una bodega, el olor a sangre y desesperación se impregna cual corrosivo amoníaco. Embozada, la silenciosa sombra del vigilante yace en el más escondido rincón. Fría y oscura velada para el caballero de la noche. Merodeando, una docena de cadáveres mutilados adornan el paisaje. Cajas repletas de municiones, granadas y proyectiles, presumiblemente propiedad de las pandillas de Gótica. Armas construidas para una guerra que nunca pasó, o por lo menos eso piensa el temerario murciélago. De pronto ¡Klang! Una robo-bestia le impacta por detrás, como muñeca de trapo Batman sale volando. Tan letal como torpe, la máquina se detiene. Ignorando el dolor, el enmascarado contraataca. ¡Demonios!, un grito humano sale del robot. Confundido y espantado el murciélago no vacila y termina con su presa.

Una secuencia de auto destrucción, ¡Batman sal de ahí!. ¿Quién estará detrás de todo esto?. Unos vagabundos recuerdan cómo un misterioso escuadrón se llevó a su amigo Al. Dicen que fue poseído por mágicos superpoderes. Al margen de la fogata de desechos, Batman no se chupa el dedo y no cree en los cuentos de estos locos. Pero el hombre murciélago se equivoca, otra criatura de la noche se desliza por los cañones de concreto. Un hombre muerto, un esclavo del infierno en búsqueda de redención.

Un par de chiflados bañan de gasolina a un indigente, el cerillo cae lentamente. Conforme las llamas iluminan el lugar, una silueta de ojos verdes se distingue al final del callejón, habrá de hacerles pagar haciéndolos arder eternamente. Acto aberrante para los ojos de un tardío testigo. En la mente del encapuchado, probablemente ese tipo de capa roja sea el vagabundo del que hablaban. Al son de bati-búmerang lo ataca. Tremenda gresca se avecina. Tremendo toma y daka. Tremenda hemorragia de tinta y conspiración.

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En 1994, dos amos y señores del cómic se enfrascaron en uno de los crossovers más picudos, no sólo de la década, sino de los años venideros: el Spawn Batman. Escrita magistralmente por Frank Miller en su característico tono ácido-lúgubre, e ilustrada por el ídolo Todd McFarlane; esta pasta gruesa hubiera sido digna de un lugar en el cajón de historietas de Garth Algar. Por lo menos formó parte de la gaveta de este su humilde Androide, en medio de aquellos días marcados por la pubertad, el cambalache de tarjetas de Marvel, las idas de pinta a Comicastle y el reciente nacimiento de una editorial estadunidense independiente -creada por varios colosos de la viñeta que su servidor idolatraba como Jim Lee, Marc Silvestri, Eric Larsen, y el propio McFarlane -de nombre Image. Con títulos exitosos y otros incomprendidos, la editorial se convirtió en plataforma de extrema libertad para muchos caricaturistas limitados por los dos jefes de la galaxia Marvel y DC. Spawn fue el primer gran éxito, catapultó a McFarlane, si es que con Spider Man no lo había logrado. Contó con los guiones de figuras de la talla del propio Miller, Alan Moore o Neil Gaiman en varios números. Pero sin duda, el tiro que se dio con Batman es tan epopéyico que ni Galactus y Darkseid se podrían dar uno mejor. 

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Spawn Batman

Frank Miller & Todd McFarlane
Image
1994