Revista Chilango

Amor por los tacos

Febrero 2017

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Cartas de viaje

Crítica Chilango


Galería Hilario Galguera

Francisco Pimentel 3

Esquina con Jose Rosas Moreno

Col. San Rafael

Tel. 5546-6703

Horario

Lun-vie 10:30 17:30
Del 7 de julio de 2011 hasta nuevo aviso

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Crítica Chilango

Por Bartolome Delmar

«Hace años que, en pintura, no hay una exposición tan importante en México», afirma Hilario Galguera, galerista de la nueva exposición que el pintor mexicano Daniel Lezama presenta en su espacio. Mientras que el autor describe la exposición así: «Es una muestra en donde mi propia identidad se conjuga en un encuentro con mi país, con su cultura e historia, como si yo mismo fuera un viajero».

Lezama es un caso extraño en los escenarios actuales del arte: no sólo toma al óleo y el lienzo (para muchos en desuso) como sus formas básicas de expresión, sino las utiliza para crear obras de tipo figurativo. Confirma, como él mismo lo dice, que en el mundo del arte contemporáneo no hay reglas fijas, no hay tendencias únicas.

 "Cartas de viaje" es una muestra temáticamente muy redonda. Reúne 16 cuadros que retratan, alegóricamente, el paso de muchos de los visitantes más famosos en la historia de nuestro país, como el cineasta ruso Sergei Eisenstein, el escritor estadunidense Malcolm Lowry, el alemán Alexander von Humboldt. A éstos los inserta en extraños paisajes nativos, selváticos y oscuros, acompañados de varias simbologías referentes a la historia de México. Lezama es fiel, en esta producción, a las directrices estilísticas que siempre lo han caracterizado.

Aunque su estética puede llegar a chocar con ciertas sensibilidades. Hay un fuerte dejo culturalista (que no patriotero) que poco se vincula con las concepciones cosmopolitas tan de moda hoy en día: la exposición (que se deja respirar y observar en un espacio muy bien manejado) detalla un estilo cercano al de los paisajistas mexicanos del siglo XIX, matizado por cuerpos abultados, toscos, casi grotescos, que pueden retomarse de la pintura nacionalista próxima a la Revolución Mexicana.

Quizás ahí radique la valentía de la propuesta. Lezama no pinta lo que pinta, ni lo hace de esa forma, pensando en quebrantar las modas presentes; eso, a final de cuentas, es propio de las bogas. Tampoco es anacrónico: aunque muestra ciertos vínculos con la pintura más tradicional, a la obra de taller de siglos anteriores, no pierde el sabor de lo contemporáneo. El artista mexicano simplemente se compromete con su  propia visión; es lo que le ha dado un espacio dentro del circuito del arte.

Así pensemos en la obra de Lezama como una apuesta a lo genuino más que a la "novedad". Como el anuncio de un artista que, con base en notables esfuerzos y muchas capacidades técnicas, ha sembrado su propio nicho en la escena del arte contemporáneo mexicano.

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