La frase “lo sencillo es lo mejor” aquí cobra una indiscutible verdad. Un bar sin más pretensiones que un mobiliario metálico y muros transparentes que hacen de cualquier peatón un voyeur. Es inevitable no voltear hacia el eufórico ambiente que se arma dentro, con canciones de Madonna y los Pet Shop Boys reventando las bocinas. Se venden cervezas por cubeta a precios accesibles. Recomendable para ir calentando los motores, antes de que la diva que llevamos dentro escape desquiciada a la pista de baile.
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