Paredes amarillas estilo hacienda, mucha planta de plástico, herrería de ferretería, ruedas de carreta y chiles colgados. En este escenario aparecen las reinas del lugar que son las meseras. Maquilladas, frondosas —casi a lo Rubens—, con minifaldas, medias y zapatos muy originales, se las ingenian para transportar hasta 8 cervezas a la vez. Ellas se dirigen a ti como »mi amor» seas hombre, mujer o tomate verde. Entre semana se anima con grupos de veinteañeros que hacen cola para poner música en la rockola, señores evitando la casa y grupitos de amigos y novios. La parte sanitaria es su punto flaco. Los baños no son muy limpios y en el de mujeres si no te abren desde afuera puedes quedarte encerrada. Mi “sherpa” Michael Parker cuenta como una vez se dirigió hacia él una cucaracha tan grande y atrevida que tuvo que quitarse el zapato y matarla. Visto con otros ojos aquí, por $13 pesitos, puedes echarte una chela y tener una aventura con un animal salvaje.
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