Claudia Sheinbaum: El peso de una ciudad en problemas

Foto: Adrián Duchateau

La rapacidad inmobiliaria y al aumento del crimen son solo algunos de los retos que enfrentará la próxima jefa de gobierno. ¿Cómo construyó su carrera y qué podemos esperar de su administración?

La mañana del domingo 31 de marzo, la candidata a la jefatura de gobierno de CDMX por Morena, Claudia Sheinbaum, anunciaría el inicio de su campaña. En el hotel Marriot de Paseo de la Reforma, el salón del fondo estaba ya repleto de cámaras de televisión. Entraban líderes empresariales locales y figuras de la política y la cultura de la ciudad, como Yeidckol Polevnsky, presidenta de Morena; Martí Batres, candidato a senador, y la feminista Marta Lamas, entre otros.

Ingresaron los representantes empresariales de Coparmex; entró Asa Cristina Laurell, exsecretaria de Salud durante el gobierno de López Obrador y responsable de la pensión universal a los adultos mayores; entraron los candidatos a las alcaldías. Entraron, también, algunos de los jóvenes intelectuales de la organización Democracia Deliberada, un grupo que desde hace tres años se reúne cada martes en el salón Covadonga, en la colonia Roma, para discutir la agenda nacional desde una perspectiva de izquierda y que, con la cercanía de la elección, inyectó de entusiasmo morenista las redes sociales.

Entró Claudia Sheinbaum y la gente hizo una valla hasta el podio. Caminó entre los relámpagos del flash, los aplausos y los vítores. Es delgada, de estatura mediana, y a diferencia de muchas mujeres en la política —incluso de su mismo partido— que han adoptado por un estilo más atrevido, ella siempre tiene un aspecto limpio y austero.

Los reporteros rodearon el podio y no dejaron a los colaboradores de Sheinbaum ocupar las sillas que estaban detrás de ella. Sheinbaum mencionó durante treinta minutos los nombres de los coordinadores temáticos, sus voceros, sus asesores y su equipo de campaña.

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El eslogan sería “Innovación y esperanza”, y el programa, una combinación de trucos viejos y nuevos, de medidas retomadas del gobierno de AMLO y de preocupaciones propias de la científica especialista en agua y contaminación, como la creación de centros comunitarios de innovación; o un ambicioso plan de movilidad para atender a los barrios periféricos y conectarlos con el centro; así como un programa de gobierno abierto. Fue una presentación extensa, que llevó poco más de una hora.

—Esta es la propuesta: una ciudad innovadora, una ciudad de derechos. ¡Muchas gracias!—, concluyó Sheinbaum.

La conductora del evento invitó a un tenor al frente para cantar el Himno Nacional. Los asistentes en la sala levantaron el puño.

—El programa es bueno—, dijo una persona cercana a la candidata —, ahora el problema es cómo lo vendemos. Nos falta una narrativa.

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Su preocupación era comprensible. Si había un político del siglo XXI en México al que le sobraba (y le sobra) narrativa era al tres veces candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador, líder social y ave fénix que se había levantado de dos derrotas y que, para marzo de 2018, ya había convencido al llamado “círculo rojo” de su moderación. AMLO había logrado también capitalizar el descontento por la corrupción y violencia del régimen priista. El camino de Sheinbaum a la jefatura de gobierno estaba prácticamente pavimentado.

Tampoco era difícil construir al personaje público. Sus puntos flacos eran su asociación con los polémicos segundos pisos del Periférico, cuando era secretaria de Medio Ambiente del gobierno de AMLO, y su relación con Carlos Imaz, enredado en 2004 en el escándalo de corrupción del constructor argentino Carlos Ahumada. También rondaba la duda sobre su responsabilidad, como delegada de Tlalpan, en el derrumbe del colegio Rébsamen en el sismo del 19S.

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Por el lado positivo, Sheinbaum sería la primera mujer que llegaría a la jefatura de gobierno gracias al voto; tenía un destacado trabajo en el campo de la energía; fue miembro de la Academia Mexicana de las Ciencias, así como participante del panel intergubernamental de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), y podía presumir un trabajo razonable en Tlalpan, sobre todo si se le comparaba con los delegados Mauricio Toledo del PRD (en Coyoacán) o Ricardo Monreal de Morena (en Cuauhtémoc).

Asimismo, el jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera, del PRD, tuvo una administración tan mala como la del gobierno federal, y dilapidó su capital político en un ejercicio que parecía no solo frívolo, sino ineficiente, corrupto y alejado de la gente.

Mancera logró el cambio de estatuto jurídico de la ciudad, su nuevo nombre y la Constitución que la rige. Los habitantes de la CDMX no teníamos una constitución desde 1824. En el Pacto por México, el acuerdo entre los partidos para impulsar una serie de reformas económicas, se mencionó la necesidad de dotar a la ciudad de una constitución.

El proceso de redacción y aprobación de la nueva constitución fue enredado. El jefe de gobierno tenía la facultad de elaborar un documento inicial, para lo cual se eligió a un grupo de 28 notables. Luego las autoridades convocaron a unas elecciones organizadas por el Instituto Nacional Electoral, donde se eligieron a 60 diputados. Muy pocos capitalinos participaron en la elección del 5 de junio de 2016, apenas el 28% de la lista nominal.

El resto de la asamblea constituyente la integraron 14 representantes nombrados por el Senado, 14 por la Cámara de Diputados; seis personas fueron designadas por el presidente de la República y seis por el jefe de gobierno. El resultado final es un documento progresista que cambia algunos aspectos fundamentales del gobierno local y consagra una enorme cantidad de derechos, que ya estaban incluidos en la reforma constitucional de 2011.

Según la organización México Evalúa, “un problema grave de este proyecto de constitución es la falta de una propuesta de solución al enorme costo que implica hacer frente al catálogo de derechos”. Otro igualmente grave es que una vez aprobada, la constitución de la Ciudad de México recibió numerosas impugnaciones: de Morena, de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, del partido Nueva Alianza y de la Consejería Jurídica de la Presidencia. “Fue una manera de minimizarla”, dice Pedro Salazar, miembro del grupo redactor original y director del Instituto de Investigaciones Jurídicas. Peor aún, dice Salazar, es que después de las impugnaciones, el Jefe de Gobierno la abandonó. “Es una constitución poco conocida y nadie se ha interesado por darle una difusión amplia”.

Los problemas de la administración se acumularon en el otro lado de la balanza. Tal vez el más alarmante sea el aumento de violencia en la ciudad. Mancera dio siempre la impresión de restarle importancia. Ante la evidencia del aumento de tráfico de drogas y la violencia asociada a ella, su respuesta fue insistir en que, en la Ciudad de México, no había crimen organizado. Respecto al incremento de robos y extorsiones a comerciantes, el jefe de gobierno culpó al nuevo sistema de justicia penal, que había liberado a 11 mil reos.

Pero la gente percibía un abandono que no se había experimentado en la ciudad. El socio fundador de un famoso restaurante en la zona de la Condesa, y coordinador del Comité Ciudadano de la colonia Hipódromo, comenzó a involucrase activamente en el tema a raíz de lo que llama “una serie de eventos desafortunados”. En abril de 2015 asaltaron con violencia su restaurante. Un amigo suyo, dueño de bares, le contó que ahora encontraba en ellos gente armada, vendiendo drogas. Fue soolo después de acudir con María Elena Morera, directora de Causa en Común (una ONG dedicada a fortalecer el estado de derecho en el país), y lograr que ella hiciera presión con el secretario de seguridad, que las autoridades intervinieron.

Luego de una serie de entrevistas con otros dueños de negocios de la zona, el propietario del restaurante se dio cuenta de que la propia policía disuadía a los afectados de denunciar. “Yo comencé a vivir en la colonia Hipódromo en 2002, y tuvimos una seguridad envidiable hasta 2014 […] lo que vemos ahora es esto: no hay una estrategia de seguridad”, sostiene.

“Mancera no entrega buenas cuentas en materia de seguridad”, dice David Ramírez de Garay, de México Evalúa, una organización encargada de evaluar el ejercicio de gobierno en México. La organización realizó un estudio con datos de la propia Secretaría de Seguridad Pública, que se presentará en septiembre. Según el documento, todos los rubros que miden la violencia aumentaron en magnitudes distintas, pero uno de los crímenes que se disparó en estos años en la CDMX fue el homicidio con arma de fuego. De acuerdo con México Evalúa, de 2013 a 2017 aumentaron 46.2%. El homicidio doloso por 1,000 habitantes creció 82.2% de 2013 a 2017.

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Además de la violencia, existe la percepción de que en el sexenio se dejó crecer la corrupción inmobiliaria. Hay dos imágenes que resumen los excesos de este régimen. La primera es el corredor cultural Chapultepec. El 18 de agosto de 2016, la Agencia de Inversión, Promoción y Desarrollo para la ciudad de México anunció que había obtenido una concesión junto con un consorcio privado para la explotación de la avenida Chapultepec. El proyecto consistía en construir un “parque lineal” del Metro Chapultepec al Metro Insurgentes, pero en realidad era un centro comercial de dos pisos que corría por en medio de la calle y que mandaba a los autos por túneles. Los vecinos se opusieron, el proyecto se sometió a votación y terminó por abandonarse.

La segunda es el centro comercial Artz Pedregal. Una parte de la construcción se desmoronó el pasado 12 de julio, fue captado en video y apareció en redes sociales. El proyecto se realizó dándole la espalda a los vecinos de Pedregal de San Ángel, quienes se habían quejado hace un año de las afectaciones en vialidad y agua.

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En medio de estas dos imágenes están las decenas de centros comerciales, rascacielos construidos en barrios originarios y multifamiliares erigidos en zonas sin agua. Como en el tema de seguridad, no ha habido una política de desarrollo urbano, o esa política está controlada por los propios desarrolladores inmobiliarios.

“Iztacalco es una zona que está cambiando su vocación económica”, dice el senador de Morena Mario Delgado. “Entonces ocurre un fenómeno muy parecido al que ocurrió hace años en Azcapotzalco, de donde muchas fábricas y bodegas se fueron y dejaban grandes extensiones de terreno. Una especie de desindustrialización. Como no hay una política sobre qué hacer con eso, pues esos terrenos caen en manos de desarrolladores. Y allí la corrupción es infinita. En Iztacalco tienes 100 desarrollos de 100 departamentos en promedio. Si no cambia de manera importante la infraestructura urbana, eso va a ser un caos”.

Una tercera herencia de la gestión de Mancera es la debacle en la ciudad del Partido de la Revolución Democrática. Obviamente no se le puede atribuir a él la única responsabilidad, pero sí un caos interno luego de que el jefe de gobierno dejó de actuar como el fiel de la balanza en el partido, tal como lo hicieron sus antecesores. Mancera le cedió su relación con el partido a un expriista, Héctor Serrano, su secretario de gobierno, quien terminó peleando con importantes corrientes del PRD.

Adicionalmente, Mancera optó por una estrategia distinta a la de los otros jefes de gobierno de izquierda, que jugaban un rol contestatario y de contraste con el presidente de la República. Él decidió acercarse a Peña Nieto. Obtuvo ciertos beneficios, como la Constitución de la ciudad y un fondo de capitalidad, es decir, mayores recursos que la federación otorga por lo servicios que presta la ciudad por ser la capital. Pero su suerte quedó también ligada a la del presidente, uno de los más impopulares en la historia reciente del país.

El 7 de junio de 2015 se celebraron elecciones, en las que se renovaron las 16 delegaciones de la ciudad y 66 diputaciones de la Asamblea Legislativa. Morena, recientemente creado, resultó increíblemente competitivo, pues se llevó la jefatura de cinco delegaciones, incluida Cuauhtémoc, y consiguió 19 diputados. Para Ricardo Becerra, entonces subsecretario de Desarrollo Económico, era evidente que buena parte de la estructura de la ciudad ya no trabajaba para Mancera, o el PRD, sino para Morena.

Mancera terminó aislado. “Es muy elocuente que no salía a la calle y todos sus discursos los hacía desde el Palacio de Gobierno”, dice Becerra. Esta sensación se agudizó luego del 19S. Becerra, que fue nombrado comisionado para la reconstrucción, recuerda que el jefe de gobierno, luego del temblor, sólo se exponía los domingos en lugares extraordinariamente controlados por su equipo. “Yo me peleaba con él y le decía, ‘no jefe’, tiene que salir a ver a la gente. Pero no era su punto. Creo que ya estaba pensando en el senado. Ese encapsulamiento lo mató”, sostiene Becerra.

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En el pueblo de San Gregorio, Xochimilco, una de las zonas más afectadas por el temblor del 19 de septiembre, tocaba una banda del pueblo afuera de un predio bardeado donde se iba a celebrar un acto de campaña de Claudia Sheinbaum. Era la mañana del 10 de junio. Adentro ya estaban algunas de las organizaciones de Morena. El acto tenía lugar en un sitio pequeño pero concurrido y la gente se arremolinaba dentro de una carpa, lo más cerca al podio. Unos días antes, el periódico Reforma había publicado una encuesta que le daba a López Obrador un 65% de las preferencias entre los capitalinos y un 54% a ella. A pesar de esto, la plaza era difícil, porque el delegado en turno, Avelino Méndez, había desempeñado un muy mal papel durante las difíciles jornadas postsismo.

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Flor Ivone Morales, candidata a diputada por el distrito 21, que incluye Xochimilco y Milpa Alta, tomó la palabra. Denunció que el PRD había estado ofreciendo a los habitantes de Xochimilco dinero a cambio del voto. Luego habló Claudia Sheinbaum. Acusó al gobierno de Mancera de retener los recursos para la reconstrucción de San Gregorio. Habló del compromiso con la zona chinampera y de un programa de rescate, de construcción de vivienda y del mejoramiento de la calidad del agua en Xochimilco, así como de un programa de turismo.

—No mentimos, no robamos y no vamos a transar al pueblo—, dijo.

A esas alturas, la estrategia de campaña de Sheinbaum era subrayar que estaba ganando en las encuestas. Su contendiente Alejandra Barrales, había hecho una campaña con algunas propuestas para ayudar a las jefas de familia por medio de transferencias directas de dinero, y el candidato del PRI, Mikel Arriola, había intentado capturar al electorado más conservador de la ciudad. A pesar de los ataques de sus contrincantes, que intentaban responsabilizarla por el derrumbe de la escuela Rébsamen, entre otras cosas, Sheinbaum no se salió del guion inicial: un gobierno de innovación y esperanza.

El día de la elección, ella salió temprano a votar a la casilla que le correspondía, en una callecita del pueblo de San Andrés Totoltepec, en la carretera vieja a Cuernavaca. La preocupación principal de su equipo era, en ese momento, registrar la compra de votos del PRD. En una casa de la delegación Venustiano Carranza, donde perdió Morena, había un grupo de jóvenes que enviaba fotos desde algunas casillas donde la gente estaba repartiendo dinero. Alguien subía las denuncias a la Fiscalía Especializada para la Atención de Delitos Electorales.

Aquella tarde, los voceros de campaña de Sheinbaum dieron una conferencia de prensa para denunciar los delitos en Coyoacán, Venustiano Carranza y Gustavo A. Madero. Sheinbaum pasó buena parte de la jornada recluida en una casa de la colonia Portales, su centro de operaciones. Luego de que el INE dio a conocer los resultados preliminares y López Obrador hizo su discurso de victoria en el hotel Hilton, ella realizó un pequeño acto en el hotel Barceló del Centro Histórico, para luego unirse a la celebración en el Zócalo.

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Veinte días después de la victoria, Sheinbaum volvió a convocar a una reunión en el mismo salón del hotel Marriot donde inició su campaña. Fue vestida de negro y traía el cabello recogido. Del lado derecho estaba el podio, donde se colocó su equipo de trabajo; del izquierdo, había una pantalla por la que se proyectaba el currículum de los integrantes del gabinete. Sheinbaum anunció más de una decena de nombramientos. Era un gabinete conformado por viejos lobos de la ciudad, como Rosa Icela Rodríguez, que fue secretaria de Desarrollo Social con Mancera; universitarios que habían trabajado cerca de ella; y gente que se aproximó a la candidata durante la campaña, que no la conocían pero terminaron con una cartera, como Almudena Ocejo, futura secretaria de Desarrollo Social, o Andrés Lajous, futuro secretario de Movilidad. Fue un acto protocolario, austero, que marcaba el fin de tres semanas intensas de reuniones y trabajo.

Dos días después, Sheinbaum despachaba en la casa de la colonia Portales. A las 10 de la mañana salió de su oficina para conceder una entrevista, primero a un grupo con cámaras de video, luego a un reportero. El cuarto quedó iluminado por las luces de los reflectores que dejó el equipo de video. Ahí contó que ella creció en una familia donde se hablaba todo el tiempo de política. Su madre, una académica como ella, participó en el movimiento del 68. A Claudia la llevaban a los mítines contra la guerra de Vietnam y cuando entró al CCH Sur participó en el movimiento estudiantil. Pero la experiencia transformadora fue su paso por el Consejo Estudiantil Universitario.

El CEU fue creado en 1986 por estudiantes de la UNAM que se oponían a una serie de reformas propuestas por el rector Jorge Carpizo McGregor, que intentaban dar solución a los numerosos problemas asociados al crecimiento de la demanda en educación superior. Carpizo quería aumentar las cuotas y eliminar el pase automático de los bachilleratos de la UNAM. Un grupo de estudiantes dirigido por Antonio Santos, Imanol Ordorika y Carlos Imaz creó el Consejo para oponerse a las reformas. A ese grupo se sumó Claudia Sheinbaum. Ricardo Becerra, que entonces era estudiante de economía, la recuerda como buena oradora, aunque poco expresiva. El CEU fue muy exitoso, pero su radicalismo le impidió discutir sustantivamente la solución a los problemas universitarios. Becerra piensa, sin embargo, que tuvo algunas características positivas: una generación entera de jóvenes comenzó a hacer política sin miedo a la represión, y el movimiento se convirtió en el semillero de jóvenes que apoyaron al candidato Cuauhtémoc Cárdenas en la lucha por la presidencia en 1988, fundaron el PRD y accedieron al poder en la Ciudad de México en 1997.

Después de la elección presidencial de 1988, Sheinbaum se fue a Berkeley a estudiar un doctorado. Participó en política pero de manera lateral, promoviendo el voto de los mexicanos en el exterior o como afiliada de base en el PRD. En el año 2000, ya de regreso en México, se involucró directamente con el naciente equipo de AMLO. Un académico amigo de López Obrador, José Barberán, la puso en contacto con él, pues buscaba a alguien que se encargara de la Secretaría de Medio Ambiente. Sheinbaum, de 37 años, había participado en un grupo sobre medio ambiente coordinado por el premio Nobel Mario Molina y estaba terminando un programa de estudios avanzados en El Colegio de México sobre temas ambientales. López Obrador reconocía que no sabía mucho del asunto y le propuso reducir la contaminación atmosférica y proteger el suelo de conservación de la ciudad. Sheinbaum diseñó las políticas de medio ambiente aplicando los puntos que había trabajado con Mario Molina.

—¿Cómo se reduce la contaminación atmosférica?
—Esencialmente, de dos maneras —dice Sheimbaum—: una, disminuir el uso del transporte privado, promoviendo el transporte público; y la otra es que los vehículos sean menos contaminantes.

De manera contradictoria a la disminución del uso del transporte privado, Sheinbaum, durante su gestión como secretaria de Medio Ambiente, se puso a la cabeza del fideicomiso que permitió la construcción de los segundos pisos del periférico.

Según Sofya Dolútskaya, autora de “Las obras viales en el Distrito Federal (1976-2012). Los efectos de la democratizción sobre el modo de gobernanza” (en Patrick le Gales y Vidente Ugalde, eds., Gobernando la Ciudad de México. México, El Colegio de México, pp 339-370), “el poder discrecional del jefe de gobierno en el ámbito de obra pública llegó a su máxima manifestación tras la decisión de construir los segundos pisos del periférico”. Basada en entrevistas con Ignacio Marván Laborde, asesor de López Obrador, y César Buenrostro Hernández, exsecretario de Obras Públicas, Dolútskaya reconstruyó cómo se tomó la decisión de llevar a cabo esa obra.

Era un proyecto que el ingeniero civil David Serur ya había propuesto a otros regentes y jefes de gobierno y que enseñó a López Obrador en una cena con empresarios. En la misma velada estaba José María Rioboó, cuya tecnología para hacer grandes piezas de concreto prefabricado disminuiría el tiempo de construcción. López Obrador decidió construirlo sin consultar a su gabinete y eso generó una oposición dentro del gobierno, pero también fuera de él. Para evitar la oposición interna, pasó la dirección de la obra a la empresa Servimet. Y para solucionar el problema de cómo fondear la obra, creó el Fideicomiso para Mejoramiento de las Vías de Comunicación, Fimevic, con Sheinbaum al frente. “En 2002-2003 varias dependencias del GDF transfirieron fondos al Fimevic, sustrayéndolos de otros programas urbanos, desde el mantenimiento del Metro hasta el fomento a la cultura”, escribió Dolútskaya.

Sheinbaum dice que, en efecto, se puso al frente del Fimevic. Ella estaba trabajando con la Secretaría de Transporte y Vialidad y argumenta que el asunto de los segundos pisos debe verse más bien como un programa integral de movilidad, que incluía la compra de vagones del Metro, la construcción del Metrobús y la construcción de otras obras viales, como el Eje 5 poniente y el Eje 3 oriente.

Habló también del escándalo que provocaron los videos donde se mostraba a funcionarios del gobierno de López Obrador recibiendo dinero en efectivo del constructor Carlos Ahumada, incluyendo a Carlos Imaz, delegado de Tlalpan y entonces pareja sentimental de Sheinbaum. Imaz fue sentenciado por ser responsable de realizar operaciones con recursos de procedencia ilícita con fines electorales. Sin embargo, no fue encarcelado debido a que contaba con una suspensión provisional que lo amparaba.

Sheinbaum recuerda aquello como una mala pasada contra el gobierno de López Obrador.

—Yo creo que Andrés Manuel desde el primer momento dijo que esto era un complot—, sostiene.

Y en efecto, años después el propio Ahumada confesó que él grababa los videos y que, cuando se enteraron de su existencia, Carlos Salinas de Gortari y Diego Fernández de Cevallos orquestaron una trama para darlos a conocer.

—Ahumada insistió en que les había dado dinero a ti a y Carlos para un viaje a Europa.
—Absolutamente falso —dice Sheinbaum—. Digo, nada más para que se sepa, la Procuraduría de la ciudad y la PGR investigaron todas las cuentas, los bienes, todo lo que teníamos entonces. Yo demostré que habíamos viajado y que todo lo había pagado de mi salario. Entonces no es que yo lo diga, es que la PGR lo investigó y no encontró absolutamente nada.

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En 2006, en medio de la campaña presidencial en la que competía López Obrador, Sheinbaum se separó de la Secretaría de Medio Ambiente. Durante su gestión se mantuvo la tendencia de disminución de los contaminantes y se mejoraron algunos programas de emisiones. Ella pensaba que completaría su mandato hasta el final del sexenio, pero López Obrador la llamó para ser una de sus voceras durante la campaña, que se había vuelto letal por la publicidad en contra del exjefe de gobierno. “Un peligro para México”, era la frase repetida en la campaña de Felipe Calderón.

Al final, López Obrador perdió por un margen muy pequeño y denunció que había sido víctima de un fraude. Esa es también la convicción de Sheinbaum, quien se incorporó a un equipo de técnicos para analizar los resultados electorales y detectar cómo se había hecho.

Luego del plantón al que convocó López Obrador y mantuvo paralizado el Centro Histórico y Paseo de la Reforma por varias semanas, Sheinbaum se integró al gobierno legítimo de AMLO como “responsable de patrimonio nacional”. Una de sus principales tareas fue presentar los argumentos, discutir y debatir en contra de la reforma energética.

Entre 2006 y 2015 recibió varias ofertas de López Obrador y los partidos que la apoyaban para ser candidata a diputada o senadora vía plurinominal. Sin embargo, ella prefería la vida universitaria y apoyar organizativamente, sobre todo en la fundación de Morena, que había nacido después de la elección de 2012. En 2015, sin embargo, cuando el nuevo partido competía en una elección, aceptó la candidatura a jefa delegacional de Tlalpan.

—¿Por qué preferiste ser delegada a diputada? Parece un trabajo más complejo. —Yo vivo en Tlalpan desde hace 30 años, particularmente los últimos seis antes de 2015 vi cómo se fue deteriorando la delegación, no solo físicamente, sino también porque quien llegó al gobierno delegacional se dedicó a robar. Yo había hecho campaña por Morena en 2014. En la mañana iba a la universidad y por ahí de las cinco de la tarde, cinco veces a la semana, iba a tocar las pesonas, ¿eh? Y al final pues se construyó un movimiento que logró el triunfo.

Aquellas elecciones mostraron el músculo del nuevo partido. Morena ganó Cuauhtémoc, Tlalpan, Tláhuac, Azcapotzalco y Xochimilco. En retrospectiva, la gestión de Sheinbaum en Tlalpan resultó correcta, no así la de Ricardo Monreal en Cuauhtémoc. Un artículo de Mexicanos contra la corrupción llamado “El Factor Monreal” mostraba el indiscriminado cambio de usos de suelo en la Roma-Condesa durante su gobierno. En Tláhuac, una operación de las fuerzas federales contra narcomenudistas dejó ocho muertos y 16 detenidos, pero también la sospecha de que el delegado Rigoberto Salgado habría encubierto el tráfico de drogas.

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En el verano de 2017, todavía con el horizonte electoral lejano, Morena inició su proceso interno de selección de candidatos para el gobierno de la Ciudad de México. El método era una encuesta a los capitalinos. Participaban Ricardo Monreal, Claudia Sheinbaum, Martí Batres (entonces dirigente de Morena en la CDMX) y el senador Mario Delgado. Una semana después, Morena dio a conocer que la ganadora era la doctora, pero Monreal se inconformó con el resultado y pidió, en un video publicado en Facebook, que el partido corrigiera los errores en la designación. Fueron días tensos, pues se pensaba que Monreal abandonaría Morena y presentaría su candidatura al gobierno de la ciudad por otro partido. Al final, hubo un acuerdo interno y las encuestas se hicieron públicas. Batres y Monreal eran los candidatos más conocidos, pero también los que tenían peor percepción. A la pregunta de a quién consideraban un buen candidato, el 49% de los encuestados contestó que Sheinbaum. Había ganado la pieza más fiel a López Obrador y sin duda la candidata con menos negativos de los cuatro.

—Monreal dio la sensación de que no estaba de acuerdo con el proceso…
—No quiero contestar eso—, dice Sheinbaum.

Se abrió un periodo largo de intercampaña. De finales de agosto a marzo, la candidata tendría tiempo para armar su plataforma, pero el 19S cambió la ciudad. Un colegio en la delegación Tlalpan se colapsó. Murieron 19 niños y siete adultos. Fue una de las mayores tragedias del sismo, la que concentró a los medios, la que tuvo la atención emocional de la gente, la que evidenciaba la corrupción. La declaración a Excélsior de Alejandro Jurado —padre de la estudiante fallecida Paola Jurado— resumía las sospechas que pesaban sobre la delegada: “El colegio sí se debía haber caído porque estaba mal la construcción. Pero no es lo mismo un colegio con niños que sin niños. Claudia Sheinbaum tenía las funciones, las atribuciones y la responsabilidad al igual que sus funcionarios, y de manera omisa, negligente y a lo mejor corrupta permitieron tantas muertes”.

Sheinbaum cuenta que ella fue al colegio Rébsamen 40 minutos después del sismo y estuvo ahí prácticamente tres días. Después atendió otros temas de la delegación, porque no fue el único caso. Más tarde pidió al área jurídica y al área de protección civil que investigaran la parte administrativa, e interpuso una demanda penal contra los responsables, que no habían ejecutado una orden de demolición en 2010.

—Me reuní con los padres. Ellos me pidieron que fuera a una reunión privada. Apoyamos de muchas maneras. Tampoco tengo por qué hacerlo público. Ellos me pidieron que se mantuviera de manera privada y yo mantuve mi palabra. Pero esencialmente me di cuenta de que lo que ellos querían era justicia. Justicia y que no vuelva a ocurrir eso en la Ciudad de México.

A pesar de la cantidad de solicitudes de información sobre el expediente del colegio Rébsamen, la delegación decidió reservar el asunto durante cuatro meses. Lo hizo público, finalmente, en un sitio web un día después de que la delegada pidió licencia para iniciar su campaña el 22 de febrero. Según una nota de Verificado 2018 —que revisó los documentos, entrevistó al equipo de Sheinbaum y consultó expertos—, el expediente estaba incompleto, mostraba la maraña del sistema para obtener permisos y verificar construcciones, y la manera en que los constructores corrompen a las distintas instancias para hacer lo que se les viene en gana, como edificar un penthouse para la directora dentro del colegio.

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Finalmente, el 27 de julio de 2018, casi un mes después de las elecciones, un juez vinculó al proceso al Director Responsable de Obra del colegio Rébsamen por el delito de homicidio de 26 personas. El DRO fue señalado como culpable de los añadidos que se hicieron al colegio, que fueron los principales responsables del derrumbe. La Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México dijo que Sheinbaum no era culpable de ninguna forma.

Ese mismo día, Sheinbaum estaba en su oficina contestando las preguntas del reportero. Es, en muchos sentidos, la política más exitosa de una generación de izquierda que se formó políticamente en la Universidad, en el zapatismo, en la construcción de una opción de gobierno —primero con Cuauhtémoc Cárdenas y luego con López Obrador—, que no se perdió dentro de los acuerdos cupulares del PRD, y que supo combinar una carrera académica con la actividad política. La gente cercana a ella dice que tiene sus prioridades bien estudiadas, pero que también posee la capacidad de escuchar, sobre todo si las ideas son innovadoras e interesantes.

Su triunfo en la ciudad fue de tal magnitud, y la confianza que ha depositado en ella López Obrador es tanta, que probablemente Sheinbaum tendrá un gobierno que repita algunas viejas fórmulas de AMLO, pero sobre todo que tenga la capacidad de experimentar nuevas soluciones, como se puede ver en su extenso plan de trabajo.

Han pasado 45 minutos de entrevista, el tiempo pactado. Su vocero, Iván Escalante, quien ha estado presente durante todo el interrogatorio, comienza a ver el reloj un poco nervioso.

—Finalmente, ¿en qué eres distinta de AMLO?
—Soy mujer, soy más joven (aunque no tanto), soy científica. —Yo creo que tienes una cepa de izquierda distinta.
—Pues sí, nuestras historias son distintas. Yo le tengo una profunda admiración, pero evidentemente cada quién tiene su estilo. Hay muchas cosas que trabajo como él y otras cosas que no. En eso nos distinguimos.