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28 de agosto 2010

Devendra Banhart en el José Cuervo Salón

Por: carlos dávalos

Finalmente sucedió el concierto de Devendra Banhart en la Ciudad de Méxio y muchos salimos frustrados. Entre un sonido completamente novato y raquítico, una audiencia sin mucho interés y un artista con un poco de indiferencia; el concierto que tenía muchos ojos puestos encima resultó ser una experiencia mediocre. Mi madre que asistió (según esto para ver un "verdadero" acto de rock) y que era la primera vez que estaba en un concierto de Banhart y en el José Cuervo Salón, me decía: oye, y esos ruidos agudos de fiesta chafa de quinceañera, ¿qué? Y así fue. El sonido era muy bajito y cada vez que Banhart decía algo, más bien parecía que tenía un pedazo de estopa en la boca por lo poco que se entendía (y miren que el sujeto en cuestión habla español). Y por si fuera poco, hubo momentos en que los murmullos de la gente (y de los que queríamos que se callaran) eran mucho más fuertes que los falsettos del supuesto icono del folk-rock libre. Con el pelo corto (como Peña Nieto pero sin gel), Banhart sigue manteniendo la misma pose escuálida, colgado del micrófono como si fuera 1969 y su hermano mayor fuera Jim Morrison. La banda, que ahora salieron como The Groggs, es la misma que lo acompaña desde el principio. Noah Georgeson, Andy Cabic (Vetiver) y Greg Rogove (Megapuss y Priestbird) completando el cuadro neo hippie que tanto ha caracterizado a Banhart, pero que ahora no brilló. Afortunadamente no todo fue amargo. Por lo menos hubo tres momentos que sí se completaron. El primero sucedió en el quinto tema, cuando se quedó solo en el escenario tocando una tercia de piezas acústicas (en su versión de estudio). Primero la frágil "Body Brakes," que dio entrada a "Little Yellow Spider," que con sonido bueno o malo siempre es una gozadera, y finalmente "It's a Sight to Behold," la canción que lo llevó por primera vez a tocar en vivo para la TV nacional. Tres canciones que proyectan muy bien lo que hizo en sus dos mejores discos. Rejoicing in the Hands of the Golden Empress (Young God, 2004) y su secuela, Niño Rojo (Young God 2004). Otro momento álgido del concierto fue "Seahorse." La épica pieza de gorda de (stoner) rock que viene en el Smokey Rolls Down Thunder Canyon (XL, 2007). Y como siempre, todo salió en la más pura tradición de la psicodélia sesentera de actos como Cream o Iron Butterfly. El tercer y último momento rescatable del concierto fue la canción del cierre. Y aunque era obvia, funcionó re bien. Le subieron un poco y la gente se puso a bailar: "I Feel Just Like A Child." El concierto duró una hora con quince minutos. Tocaron 19 cortes que pudieron ser mucho mejor escogidos. Hablando con la gente, canciones como "Hey Mama Wolf," "Quedate Luna," "The Good Red Road," "Angelika," o "At The Hop" faltaron. Esperemos que para la próxima los organizadores valoren más el talento de las bandas que traen, así como a todos los clientes que pagaron por entrar. Ahora sólo queda el mejor consuelo, regresar a casa y ponerle play (en un sonido que suene bien) a las canciones. Setlist: 1. Long Haired Chile
2. Baby
3. Shabop Shalom
4. Foolin'
5. Body Brakes
6. Little Yellow Spider
7. It's a Sight to Behold
8. Remember
9. First song for B
10. The Charles C. Leary
11. Hows About Tellin' a Store
12. Seahorse
13. Canción de Andy Cabic
14. 16th & Valencia, Roxy Music
15. Lover
16. Canción de Priestbird, Greg Rogove
17. Carmensita
18. Rats Encore
19. I Feel Just Like a Child

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