¿Dónde la vimos?

En “El extraño retorno de Diana Salazar”, un dramón que involucraba: Santa Inquisición, quema de brujas, poderes sobrenaturales, reencarnación, psicoterapia hipnótica y un argentinito con acento payaso. Gran telenovela con Lucía Méndez, cuando era guapa y su cara tenía forma, escrita por el dramaturgo Carlos Olmos.

¿En qué consistía su maldad?

Primero, en la parte de la historia que transcurre en Zacatecas en 1627, Irene Del Conde es una chavala que, por envidia, acusa a Leonor de Santiago con el Santo Oficio (por sus poderes telepáticos). En el presente, siendo la reencarnación de Irene, Lucrecia es una psiquiatra que otra vez le quiere bajar el marido y destruir a la inocentona no obstante poderosa Diana Salazar.

Pero a la vez era muy cool porque…

Porque Alma Muriel, la actriz que la interpretó, tenía mucha fuerza y una mirada penetrante que casi casi le ganaba al efectito de los ojos amarillos de Lucía Méndez. Y además, era una villana reencarnada, lo que significa doble maldad.

¿Cómo destruirla?

Arrojándole por los aires hasta que quedara clavada en un escudo de armas. Verídico: esto es lo que pasó en el gran final.