Chilango

Frida Kahlo, la mujer que podía pintar comida pero no cocinarla

Foto: Getty Images

Frida Kahlo es la pintora mexicana que le ha dado la vuelta al mundo con su obra e historia de vida llena de dolor y nostalgia. La artista es el estandarte de muchas mujeres y hoy en día, hasta un ícono de la moda. Su libro de recetas es conocido en todo el mundo, pero a pesar de su destreza en el arte, la historia con los fogones era muy diferente.

Frida tenía dos cocineras en la famosa Casa Azul, según nos cuenta Diego Isunza, sobrino bisnieto de la artista. “En una ocasión la tía Matilde le pidió a Frida que calentara unos tamales en lo que ella iba a la tienda, su sorpresa fue que al regresar a casa, los tamales estaban sumergidos en agua hirviendo”, recordó el cocinero.

A pesar de su desventaja en la cocina, Frida tenía fascinación por la culinaria nacional, “era la época post revolucionaria, la cocina mexicana era de consumo popular a pesar de la gran influencia francesa”, comparte Diego. Entre sus aficiones, lo que ella tenía además del tequila era el cognac.

En su obra, la gastronomía está presente en sus bodegones, sólo basta con mirar “Viva la vida”, un óleo de pequeño formato, en la cual se muestra una composición de sandías y “La novia que se espanta de ver la vida abierta”, donde vemos una pequeña mujer vestida de blanco mirando las frutas sobre la mesa.

Foto: Museo Casa Azul

La cocina como unión

Todos tienen la idea de que Frida cocinaba por el libro Las fiestas de Frida y Diego: Recuerdos y Recetas. que escribieron Guadalupe Marín y Marie – Pierre Colle, una obra que la idealiza en este campo. Lo cierto es que en casa de Frida, al ser centro de reunión de los intelectuales, artistas y políticos de la época su mesa siempre fue motivo de fiesta.

“Era una gran anfitriona, le gustaba apapachar a la gente y hacer fiestas”, relata Emiliano Ayala, sobrino nieto de la jalisciense Guadalupe, escritora y ex esposa de Diego Rivera, quien también es cocinero y ha hecho dupla con Isunza en los fogones.

Superada la etapa de celos, Guadalupe y Frida mantuvieron una relación de amistad, “mi tía abuela como prueba de su lealtad hacia ellos cocinó en su boda, creo que esa fue una gran demostración de amor”, destaca Emiliano quien advierte que todas las recetas del libro son importantes, pero que las más significativas son esas.

Así fue como la comida las unió a pesar de querer al mismo hombre, “se hicieron íntimas amigas, coincidieron en las fiestas, compartieron ese momento de la cocina, del vino, de la celebración, y el ritual de la tertulia que se daba terminando la comida”.

Lo que nos queda es devorar sus cuadros con la mirada y saciarnos con la fruta que ella pone en la mesa.