Chilango

Archivados 19s: los objetos que el sismo se llevó

Foto: Archivo Cuartoscuro

Después del terremoto del 19 de septiembre, los periodistas Diego Parás, Paula Beatriz Velazco, Sergio Peregrina, Ana Warman y Sofía Viramontes notaron que, ante la emergencia de los rescates y los derrumbes, ciertas historias no estaban siendo contadas. Los relatos de los objetos perdidos en el sismo y el proceso de los damnificados por recuperar ese patrimonio, por ejemplo. Fue así que, al calor de los días posteriores a la tragedia, crearon Archivados19S, una pequeña plataforma para reunir las historias que se iban encontrando en el camino.

Tras resultar damnificado del sismo del 19 de septiembre, Raúl Solís Valle se convirtió en damnificado del crimen. Cuando por fin pudo regresar a lo que quedaba de su casa, notó que la rapiña había pasado por ahí. ¿Cuántos objetos perdidos en el sismo aún buscan a su dueño? En el caso de Raúl, una bicicleta Brompton en la que gastó –además de muchas hora– 100 mil pesos en modificaciones, había desaparecido.

Luego de la catástrofe –de la cual él y sus familiares salieron ilesos– regresó a su edificio en Álvaro Obregón número 278: a unos cuantos metros estaban las ruinas de Álvaro Obregón 286, más de 40 cuerpos serían recuperados en las siguientes semanas. El edificio de Raúl ya estaba tomado por la Marina, quien coordinaba las operaciones de rescate.

Ilustración: Emilia Schettino

«Todos los días yo me acercaba para ver si podía entrar, la respuesta era “no, no, no, no”».

La primera línea de acordonamiento era de la policía de la Ciudad de México. Le seguía la policía federal y, al final, el centro de mando del Ejército y la Marina. Para poder llegar a su domicilio, o a lo que quedaba de él, Raúl tenía que atravesar todos esos filtros. Como muchos vecinos, decidió vestirse de brigadista para lograr saltarse los controles, entrar a la zona de desastre y llegar hasta la puerta de su casa.

Objetos perdidos en el sismo… en un edificio muy vigilado

Había pasado una semana desde el terremoto cuando Raúl por fin pudo entrar a su edificio. Lo primero que notó fue que su bicicleta Brompton no estaba en su lugar: alguien había cortado la cadena con que la amarraba a su coche. «Fue algo premeditado, no fue un accidente, el temblor no lo hizo». Pensó que quizás la habían movido o que la habían usado para ayudar en otras labores de rescate: robar en un edificio lleno de militares era algo más que un atrevimiento.

Aquí puedes leer toda nuestra cobertura del sismo del 19 septiembre 2017

«Nosotros somos cautelosos y respetuosos de todos sus departamentos y todas sus pertenencias. No nos llevamos ni un peso. Nada. Nuestra ley es estricta: si nos enteramos de que algo así ocurre, castigamos hasta las últimas consecuencias», le había dicho un comandante a una de sus vecinas… pero su puerta estaba abierta.

«Ay, sí le pegó el temblor», comentó un oficial.

«Esto no fue el temblor –respondió–. Yo alcancé a venir después de que tembló y todo estaba perfecto, no se había caído nada».

¿Qué me puedo llevar de aquí que sea lo más valioso?, se preguntó Raúl de inmediato. Quería evitar más robos: «Estaba muy encabronado y me entró terror. Dije: “¡mis orquídeas!” Tengo como 300 orquídeas y 3 cactos, plantas que son muy valiosas tanto personal como monetariamente». La orquídea más cara de Raúl costó 363 dólares y el valor puede duplicarse si ésta recibe buenos cuidados. Cada uno de sus cactus podría venderse en hasta 20 mil pesos en Japón o Europa: «Ah, aquí está mi aztequim, está mi fuqidem… ni pelaron las plantas. No tienen ni idea», pensó mientras registraba su casa. También estaba su neofinetia falcáta y su vanda falcata: la primera especie de orquídea que se cultivó en casa. Una pequeña puede costar hasta 1,000 dólares. Raúl la escondió en medio de las otras plantas, para que no destacara entre el follaje.

El vacío que dejaron algunos objetos perdidos en el sismo

Las historias de objetos perdidos en el sismo abundan. Perder un objeto puede ser tan doloroso como perder a una persona. Eso cree el doctor Francisco Rodríguez, psicoanalista, especialista en relaciones objetales y profesor de la Universidad Iberoamericana, en una conversación con los autores de Archivados19S. Desde una casa o un departamento hasta una bicicleta, una fotografía o una botella de tequila, depositamos un valor y un significado sobre los objetos que poseemos. «Los objetos constituyen quién eres y qué representas para los demás –opina–. Tu identidad te la dan los objetos. ¿Cuántas personas que conformaron su identidad a partir de lo que tienen se quedan sin nada?, ¿qué se pone en juego?».

Si tu identidad se define a partir de tus pertenencias y las pierdes, te pierdes a ti mismo. Por eso, recuperar algunos de los objetos perdidos en el sismo, sobre todo los que tienen algún valor sentimental, puede significar muchísimo para ciertos damnificados. «Es la parte simbólica de decir “no perdí todo, algo me queda”. Porque queda una sensación de vacío absoluto, entonces, aunque sea un mantel o unos vasos, es algo que queda, algo que te da identidad».

Ilustración: Enrique Parás

Después de acudir al Ministerio Público a denunciar el robo de su bicicleta, Raúl volvió a su departamento. Había dejado de confiar en las autoridades. «¡Oh, sorpresa!, nuevamente estaba abierta mi puerta». Le dijo al militar que lo acompañaba que, si volvía a suceder, lo haría responsable.

Desde peluches hasta una tesis: los objetos rescatados tras el sismo

Días más tarde, Raúl no podía dejar de pensar. Cuestionó la posibilidad real de recuperar algún día sus pertenencias. ¿Por qué le dolía tanto haber perdido su bicicleta? No era sólo el dinero. «Le dediqué mucho tiempo, mucho esfuerzo. Yo sabía que simbolizaba algo para mí, algo muy distinto a lo que en realidad era –dice Rául y confiesa que justo en ese momento estaba terminando una relación seria con un hombre 10 años mayor que él–. Unos meses antes, me tomé una foto con él. Pensé que nunca había estado más feliz que en ese instante: tenía un hombre que me amaba, un trabajo estable, voy de vacaciones dos veces al año, gano bien, estoy en mi peso ideal, súper fit…».

A los dos días, su novio lo dejó por un hombre de 60 años: «Sentí que me estaban fusilando», reconoce. Pedalear fue lo que lo sacó de la desolación. «Mi bicicleta se fue sin decir adiós, no sé dónde está y ahora la está pedaleando de alguien más. No estoy hablando de una bicicleta, estoy hablando de mi ex».

Necesitó otra sacudida –una geográfica– para salir de la depresión por completo. Aún sigue enojado, todavía busca su bicicleta. Los objetos perdidos en el sismo, los recuperados, los que uno extraña, parece que siguen hablando desde la distancia. «Si la consigo de vuelta la voy a vender, ya no la quiero, no la quiero ver ni un solo segundo más. La quiero de regreso, sí, porque simboliza dinero y simboliza un esfuerzo que hice».