Ah, qué bonito es ver una cinta fabulesca y fantasiosa (sin recaer en clichés o esperanzas falsas), como lo es ésta. Con Luke Wilson como Henry Poole, quien acaba de descubrir que tiene una enfermedad terminal. Con una fuerte depresión, decide aislarse y compra una casa en un barrio de Los Angeles.

Con la intención de enfrascarse en días y noches de vodka y comida chatarra, Poole se encierra en su nuevo hogar, hasta que su vecina Esperanza (Adriana Barraza, bravo), toca a su puerta con unos tamalitos. Además de la intromisión de Esperanza en su vida, Henry conoce a otra vecina: Dawn, una atractiva recién divorciada. Un día como buena latina, Esperanza descubre una mancha de forma celestial en la casa de Henry y comienza a decir que es milagrosa, y varios feligreses comienzan a invadir su propiedad.

Así comienza a tratar a Dawn y a su hija y se de cuenta que de verdad, quiere vivir otro tipo de vida, y que la esperanza se puede encontrar en los detalles más pequeños… y colorín colorado…