Bajo la dirección de Boris Schoemann, esta puesta en escena se adentra en el absurdo y el humor negro para exponer sin tapujos los resortes de una sociedad clasista, machista y emocionalmente sofocante. La obra mantiene su contexto belga contemporáneo, que actúa como un espejo de problemáticas actuales, y explora la farsa a través de una verosimilitud cruda y descarnada.