Chilango

7 dulces de nuestra infancia que deberían volver

Hace unos días una noticia rompió el internet: el Raspatito, esa «congelada» triangular que hizo la delicia de nuestra infancia —y que era imposible de comer sin echarse al estómago unos buenos trozos de cartón— estaba de vuelta… ¡ayyy, los dulces de los 80 y 90!

La marca lo hizo muy bien e incluso creó un hashtag para anunciar con bombo y platillo el retorno de este producto que muchos añorábamos. Bajo el HT #RaspatitoRegresa, muchos comunicaron el hallazgo en diferentes lugares. Y si bien por ahora sólo se vende en sabor limón, esperamos que pronto podamos encontrarlo en mango, uva y grosella, como en aquellos ayeres.

¿Por qué no aprovechar la fiebre de la nostalgia y revivir otros dulces de los 80 y 90?

Y ya entrados en gastos, también helados y productos que añoramos y que seguro muchos compraríamos de nuevo.

Aquí les dejamos 7 sugerencias, señores empresarios. Mucho ojo.

Piedrulces

Al igual que los dinosaurios, estos dulces prehistóricos se extinguieron para jamás volver. No eran otra cosa que pequeños trozos de caramelo de distintos sabores que parecían piedritas —de ahí su nombre— y en cuyo empaque aparecían Los Picapiedra. Todos venían con un personaje distinto e incluso la caja traía una línea punteada que podías recortar y usarla como una pequeña «televisión». Los Piedrulces a veces se pegaban entre sí cuando hacía calor y era difícil sacarlos de su cajita, pero de que eran deliciosos y padres, lo eran.

Muppaletas

Si ya volvió una golosina congelada, ¿por qué no las Muppaletas, otro favorito de los dulces de los 80 y 90? Estas eran dos paletas en una, como si fueran siamesas de diferentes colores y sabores, pensadas para compartir. En la envoltura traían por supuesto a Los Pequeños Muppets, la versión mini de los populares peluches del cine y la TV. Esta curiosa paleta traía un personaje por sabor: mango (Animal), uva (Gonzo), limón (René), tamarindo (Fosi) y fresa (Piggy). ¡Tomen nuestro dinero y regrésenlas!

Chocolate Milo

Este no era propiamente un dulce de los 80 y 90, ¡pero vaya que endulzaba nuestros días! El chocolate Milo era la competencia directa de Pancho Pantera, tanto así que en la lata traía a un chamaco deportista jugando futbol. Por cierto (y como tip para los nostálgicos) aunque dejó de distribuirse en México, aún forma parte del catálogo de los productos Nestlé en Estados Unidos. Así que, si se ponen duchos, aún pueden conseguirlo en lugares como eBay o Mercado Libre.

Mini Chiclets

La versión más petit de los Chicles Adams. Le hacían honor a su nombre, pues eran realmente diminutos, más o menos como los chiclitos de las mamilitas (¿también se acuerdan de ellos?). Estaban padres porque su tamaño los hacía muy atractivos para los niños, quienes teníamos que echarnos una buena ración a la boca para conseguir hacer una mini bomba con ellos. Gradualmente fueron desapareciendo, pero se quedaron en nuestra memoria.

Sólo para nostálgicos: exposiciones que te regresarán a tu infancia

Motita

Estos chicles duraron un poco más y todo parecía indicar que iban a resistir al paso del tiempo, como muchos otros dulces de los 80 y 90 que llegaron para quedarse. Eran unos chicles alargaditos con una especie de pequeño surco en medio, que facilitaba el masticado. Venían en diferentes sabores, pero los que más rifaban eran el de plátano y el de yerbabuena. La mascota de este chicle se llamaba igual que el producto, Motitas, y era un leopardo que fue cambiando su fisonomía con el paso del tiempo hasta que un mal día sencillamente se extinguió. Snif.

Abejitas

No eran otra cosa que una especie de dulce líquido, que —se supone— emulaba la consistencia de la miel (de ahí su nombre). Venían en diferentes sabores, pero tal vez el de manzana verde y el de tutti frutti eran los mejores. Las abejitas eran parte de los dulces Sonric’s, de grupo Pepsico. Ya aprovechando la nostalgia, seguro que si las reviven serían un hitazo entre la banda Godínez que necesita de un shot de azúcar para terminar de despertar. ¡Piénsenlo!

Subilín Bombilín

Y cerramos con otro helado que nos alegraba el paladar y era nada menos que el Subilín Bombilín: una especie de cilindro que tenías que empujar con un palito (que te daban por separado) para que el helado fuera emergiendo. Como si se tratara de una Tutsi Pop, al final había un chicle escondido que podías mascar con singular alegría. Muy pocos lo recuerdan, pero de que era buenazo, lo era.

¿Cuáles de estos dulces probaste? ¿Cuáles otros te gustaría que volvieran, como ya lo hizo el buen Raspatito?