Confesiones de una pareja swinger

Mariana y Diego son la prueba fehaciente de que las reglas se hicieron para romperse y que se hace camino al andar: son una pareja swinger. Más allá de las frases hechas, ellos han sabido construir una pareja sólida, con sus propias dinámicas, reglas y maneras de relacionarse. Lo que algunos verían como una “perversión”, para ellos es un estilo de vida en el que han encontrado placer y satisfacción física, pero también lazos más profundos y otra manera de apreciar el amor, la afectividad y, por supuesto, el sexo.

Primero que todo me gustaría saber sus edades, su estado civil y cuánto tiempo llevan juntos.
Mariana: yo tengo 38, él 40, somos casados y llevamos 20 años juntos.

¿En qué momento decidieron comenzar a experimentar el intercambio de parejas?, ¿quién se lo propuso a quién?
Diego: todavía tenemos discusiones al respecto. Estábamos todavía muy chavos, estábamos empezando a salir. Llevábamos como un año juntos y ya se nos había ocurrido hacer de todo y probar de todo. Follábamos cuanto podíamos y en cuanta casa nos permitían hacerlo. Sobre quién le propuso a quién todavía no nos ponemos de acuerdo. Mariana dice que fui yo el que dijo, yo digo que fue ella. Pero el punto es que estábamos muy dispuestos a probarlo.

¿Cómo fue aquel primer encuentro en el que intercambiaron a su pareja?
Mariana: el primer encuentro fue en una fiesta a la que llegamos por una publicación en una revista, incluso antes de los tiempos del internet, y pues estábamos muy chavitos, teníamos 19, 20 años. Lo que nos topamos fue una fiesta de parejas considerablemente mayores que nosotros, los veíamos muy viejitos y probablemente es la edad que tenemos nosotros ahora, jaja. Yo tenía mucho miedo, entre más grande era la gente más era mi miedo. Finalmente nos encontramos con una pareja no mucho más grande que nosotros y resultó bien para ser la primera vez.

Hablando de esas cosas que buscan en otras parejas para que haya química: ¿qué les prende a ustedes o qué criterios usan para decir “con ellos sí” o “con ellos no”?
Diego: por supuesto la parte física es importante como en cualquier otro encuentro donde el sexo está de por medio. Nos llama mucho la atención que sean parejas parecidas a la nuestra, que visiten lugares similares, que sean una pareja estable, comprometida. Son estas similitudes las que crean una complicidad que nos hace compatibles.

Supongo que todo ha sido un lecho de rosas, pero ¿recuerdan alguna experiencia particularmente desagradable que les haya tocado vivir en el tiempo que llevan en este medio?
Mariana: Sí, a lo largo de los años por supuesto hemos tenido muy malas experiencias. Ya sea porque no estamos en el mejor momento como pareja, o porque llegamos a un mal lugar, o porque la gente malacopea y terminan echando a perder el momento. Pero nada de eso ha sido suficientemente grave para hacernos decir “ya a partir de este momento nos retiramos del mundo swinger porque ya no es lo que buscamos”.

¿Qué se vale y qué no? Poniendo las reglas del juego.

En el caso de experiencias positivas, ¿se vale repetir con alguna pareja?
Mariana: Pues no sólo repetimos en caso de buenas experiencias, también hemos llevado la relación más allá del sexo: nos hemos hecho de grandes amigos dentro del medio, gente de mucha confianza y afinidad, hasta conocemos a sus familias o visitamos nuestras casas, organizamos vacaciones juntos…

¿Cuáles son esas reglas específicas que ustedes tienen para que su vida como pareja swinger funcione tan bien?
Diego: siempre jugamos juntos, nunca por separado. También estar en un lugar si no visible, al menos accesible para el otro. También cuando Mariana o yo decimos “paramos en este momento”, paramos. Esto nos da mucha tranquilidad a que nunca estamos obligados o comprometidos. Estamos muy al pendiente el uno del otro todo el tiempo.

¿Cómo manejan un tema que puede ser tan complicado, como es el de los celos?
Diego: Ese es un tema muy complejo. Nosotros aprendimos siendo muy jóvenes que la exclusividad sexual no compromete la seguridad afectiva. Para las parejas convencionales, hay una incertidumbre de no dejar a la pareja incluso salir con gente de su trabajo porque los pueden seducir. Para nosotros ese riesgo ya no existe: desde que decidimos tener contacto sexual con otras personas, logramos disociar lo afectivo de lo sexual. Claro que sentimos la necesidad de volver a la seguridad que te da tener una relación afectiva exclusiva, por eso es que todo el tiempo, incluso cuando estamos jugando con otras parejas, nos estamos viendo a los ojos, mandándonos besos o diciéndonos que nos queremos, nos mandamos señales que reafirman que seguimos siendo exclusivos en términos afectivos.

¿Sus amigos o familia saben que son una pareja swinger? ¿Cómo lo han tomado?
Mariana: con nuestros amigos más cercanos hemos decidido “salir del clóset” desde hace varios años y en realidad no fue una gran sorpresa para ellos. Siempre hemos sido abiertamente muy sexuales y eso no nos trajo problemas, pues son amigos de toda la vida. Pero en términos de nuestra familia, no. Ese sigue siendo nuestro gran secreto, pero también es parte de nuestro juego, el de llevar una doble vida.

¿Han conocido parejas de la vida pública como políticos, cantantes, actores, etc.? ¿Cómo llevan ellos la discreción para que no se dé a conocer su secreto?
Mariana: Por supuesto, hemos conocido figuras públicas. Pocas, pero las hemos encontrado.
Diego: En general casi todas las personas que estamos dentro del ambiente confiamos en los otros swingers. Y es que todos estamos igualmente expuestos, independientemente de que algunas parejas sean más públicas que otras. Somos una comunidad de códigos muy discretos y casi todos confiamos en eso.

“Somos bi-friendly: nos gusta jugar, tocar, aprender”

¿Cuáles son sus lugares favoritos de intercambio de parejas en la ciudad?
Diego: más que lugares favoritos tenemos gente favorita. Nuestro lugar base es casa de unos amigos. Cuando salimos de club nos gusta ir a Libido, cuando salimos de la ciudad nos gusta ir al Pistache. Más bien nos gusta reunirnos con gente de calidad en la que confiamos.

¿Y juegan sólo con parejas hetero?
Diego: pues somos bi-friendly, que le llaman, jajaja.

¿Eso qué significa?
Diego: nos gusta cierto nivel de bisexualidad en los encuentros, pero no redefiniríamos nuestra orientación sexual. Más bien nos justa a jugar tocar y aprender…

Finalmente, ¿qué le sugerirían a las parejas que tienen curiosidad de entrar en el mundo swinger pero no se han atrevido a dar el paso?
Desde hace mucho tiempo nos hemos preocupado por aconsejar y a guiar a todas estas parejas que quieren entrar y que tienen miedos e inseguridades como cualquier persona que se lanza a lago nuevo. Por eso nuestra primera recomendación sería que leyeran nuestro blog, jardindeadultos.com, seguir nuestro canal de Youtube que se llama “Mariana no da consejos”, y si son un poco más nerds y les gusta el mundo de la lectura, tenemos un material en Amazon que se llama “Breve manual para swingers y parejas que quieren probar”.

Además de esas tres recomendaciones, les diría que no entren al mundo swinger buscando soluciones a problemas en su pareja: atrévanse, siéntanse seguros y sepan que siempre pueden decir que no, y sepan que siempre vale la pena decir “sí”. Comuníquense y sean cómplices siempre de su pareja.

Entre risas y buena onda, nos despedimos. Hoy tuve el gusto de charlar con una dupla cómplice, que es claro que mantiene profundos lazos, quizá más sanos y sólidos que los de muchas parejas “tradicionales”.

¿Tú te atreverías a intercambiar a tu pareja y entrarle al mundo swinger?