Chilango

Festival Ceremonia: de Beck a Bomba Estéreo en una noche

Fotos: Édgar Durán

El año pasado M.I.A. canceló y los fuertes vientos derribaron un escenario. El Festival Ceremonia tenía una deuda con su público y esta vez la saldó con creces.

Todos gritan cuando reconocen el riff, esa guitarra bluesera que parece oxidada. Y todos gritan, también, cuando lo reconocen: chamarra de piel, sombrero negro de ala ancha por donde asoma su cabello rubio. Sus 47 años que parecen no haber pasado por él. Beck y la canción que lo llevó a la cima: “soy un perdedor, I’m a loser baby, so why don’t you kill me?”.

11:35 de la noche, Toluca, Foro Pegaso. El Festival Ceremonia no parecía tan lleno hasta hace unos minutos, cuando todos los asistentes vaciaron los otros escenarios, se quedaron solos los juegos mecánicos y los food-trucks encontraron sin clientes. Y es que es difícil no amar a Beck y a sus canciones, esas divertidas y elegantes mezclas donde el funk, el hip-hop, el blues, el rock psicodélico y lo que se le ocurra confluyen de manera natural. Esas canciones en las que siempre han existido referencias a México –Satan Gave Me a Taco o Güero son buenos ejemplos–. Por eso es tan fácil corear cada una de las canciones de Beck David Campbell, desde las ya clásicas como Devil’s Hair Cut o The New Pollution hasta las de su último álbum, Colors: un disco con sonido millenial, en el que Beck demuestra no sólo su capacidad para crear grandes hits, sino lo fácil que le resulta convertir cualquier sonido, cualquier tendencia, en un experimento interesante.

Beck nos habló de su participación en el Ceremonia

Beck es una de las principales razones por las cuales todos decidieron venir a Toluca. Pero no es la única. El Ceremonia es uno de esos festivales que han apostado por un cartel bien seleccionado: fueron los primero en traer a bandas como Animal Collective o a Nicolas Jarr, por ejemplo. No sólo eso: es uno de los festivales que siempre han cuidado, además de la música, todo lo que en él se presenta. Desde las activaciones de marcas, hasta los juegos mecánicos que instalan en las grandes áreas verdes del Foro Dinámico Pegaso.

–Es un festival instagrameable, goe– dice un joven mientras posa frente a una rueda de la fortuna que simula ser una telaraña gigante de luces intermitentes. Su cabello corto pintado de amarillo, sus lentes con forma de estrella, el diamante tatuado en el dorso de su mano izquierda, todo queda enmarcado en su nueva foto de perfil.

–Es que lo que me gusta de los festivales de hoy –dice otra chica en el área de food trucks–, ya no son festivales de música: son festivales con música.

Es cierto. Aunque sea su line-up el principal atractivo, el Festival Ceremonia es más que eso: se trata de una experiencia donde el viaje mismo hacia Toluca –escapar de la ciudad, aunque sea un poco– se cruza con la pasarela de modas amateur y el parque de diversiones. Luego de lo ocurrido el año pasado –cuando M.I.A. canceló su presentación y los vientos fuertes derribaran un escenario, obligando a los organizadores a posponer un día el evento–, el festival además tenía una deuda con su público.

Nada decepcionó esta vez. Ni la voz furiosa y dulce de Annie Clark de Saint Vincent, con sus potentes solos de guitarra. Ni el R&B de Mura Masa, ese niño genio, productor, multi-instrumentista, casi un hombre orquesta, que hizo saltar de a todos con cada beat. Tampoco el Domo Traición, donde los ritmos africanos y del trópico se mezclaron con la avanzada electrónica del país y donde la diversidad sexual encontraba no sólo un “espacio de tolerancia” sino un espacio de vanguardia en todos los sentidos.

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A las 7 comienza a anochecer, Bomba Estéreo apenas calienta el escenario principal del Festival Ceremonia para todo lo que viene. Ritmos tropicales, guitarras que remiten a una playa soleada. Li Samuet, la vocalista, dice que esto es un gran ritual, el ritual más antiguo de todos, el ritual del baile, la fiesta y el encuentro: una ceremonia, eso. Atrás, el cielo naranja parece en llamas.