Chilango

Torturas escolares clásicas

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Desde los ingeniosos apodos, hasta el terror de ser untando con polvos pica-pica, sin duda más de uno fue víctima o victimario de diversos y crueles martirios en la escuela. Por ello, aquí te presentamos un compendio de las torturas escolares más afamadas y practicadas ayer y, por lo que parece, también hoy. Comenzamos:

1. El calzón chino

No hay en los anales de la manchadez un suplicio tan canijo, e hilarante al mismo tiempo, como éste. Su ejecución consiste en jalar el resorte del chonino de la víctima hacia arriba y por Detroit (sin siquiera desabrocharle los pantalones), con la intención de cancelarle cualquier posibilidad de tener descendencia. Dicen que en China es un método de esterilización gratuita.

2. El saca-caca

Para nada se trata de un albur; la cosa es más bien literal: algún gandalla se hinca detrás de un inocente, junta las manoplas en posición de rezar un padrenuestro y, con la punta de los dedos, aplica un golpe-punción tipo karate kid en la coliflower del pobre cristiano. Acto seguido: ¡córrele al baño!

3. Los polvos pica-pica

Nada como que te echen estos polvos mágicos en el pachoncito, es decir, en el papel de baño (¡mal pensados!). De tal modo, si tú sientes que te pica la colita, en una de ésas ya te bulearon con el más temido, y quizá más clásico, de los tormentos escolares.

4. El Vick VapoRub en los ojos

Si quieres ver chillar a un puberto enclenque, no hay más que darle dos-tres frotaditas a la tapita del Vick VapoRub, y ya con los dedales bien emplastados, sólo hay que embarrarle el sanador ungüento en los ojos, eso sí, con terrible saña inaudita. Entonces llorará, ¡peor que si picara cebolla!

5. El doloroso e inefable tubo

Peor que la catapulta medieval y la crucifixión romana juntas, más gacho que los hornos Hitlerianos o las cosquillas chinas en las patas, el “tubo” es la obra maestra del terror estudiantil: entre varios cargan al condenado y lo abren de piernas; luego, lo empujan contra un poste, pilar o árbol, y lo jalan de los pies hasta hacer de su hombría un omelet con salchicha coctelera en catsup.

6. La pegada de chicle

¿A quién no le embarraron alguna vez un motita masticado, o bien, un chicle bola (de ésos tumbamuelas) en el impecable peinado estilo Bomberito Juárez, ahí junto a la “raya al lado”? Seguramente a más de uno. Otra variante muy socorrida es poner el chicle en una silla, para cuando alguien llegue a sentarse, se lo embarre ahí mero, en la “raya en medio”.

7. Ligazos y cerbatanazos

Una verdadera tradición: la liga como resortera y los clips con diúrex como proyectiles, o de plano el ligazo en la nuca de los más débiles. O a falta de tales instrumentos, nunca falla eso de quitarle el repuesto a las plumas Bic, meterle papelitos chupados al tubito y soplarle en dirección de la compañera más odiada. Quién diría que esta bonita costumbre se preservaría no sólo en las escuelas, sino también ¡en las oficinas!

11. Bajada de pants

Hay quien está traumado de por vida porque en la clase de Educación física, en pleno patio y delante de todos, un malandrín tuvo la genial idea de bajarle los pants con todo y trusa, dejando al descubierto su pitirrín desfallecido. Y hay también quien vive horrorizado por haber visto semejante espectáculo. ¡Ah, travieso muchacho!

En fin, chilango, hasta aquí este recuento de maldad y sufrimiento. ¿Qué torturas clásicas practicabas en la escuela?, ¿te aplicaron alguna de éstas? ¡Confiesa o desahógate!

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