El concierto deseado

Casa del teatroArray

Vallarta No.31-A

Entre Frente a la plaza de la Conchita

Col. Coyoacán Centro

 
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 Por José Velasco
 
Larutina cotidiana esconde una crueldad que sólo es perceptible desde fuera: lade repetirse -una y otra vez- en el aislamiento más absoluto, sin ningúntestigo que confirme la falta de propósito de nuestro rosario de quehaceres. Yhay un punto en el que las manías y las obsesiones que definen el modo dehabitar la soledad, se vuelven en nuestra contra: exhiben el absurdo y aguzanlos bordes del vacío, hasta que la vida se transforma en un solo bloque deactividades mecanizadas, en el que derramar café sobre la mesa, puede ser eldetonador de una decisión irrevocable.

Estaversión libre de El Concierto Deseado de Franz Xaver Kroetz, dirigida por Mariana García Franco, explora elintricado proceso que puede llevar a un ser humano a reconocerse al borde delabismo. Nos muestra a una mujer (Stefanie Weiss) que realiza una serie detareas en apariencia insignificantes: lavar los trastes, preparar el café, iral baño, mirar por la ventana, preparar un sándwich, etc. En el procesopresenciamos los cambios sutiles de sus emociones: desde el hastío, laindolencia y la frustración, hasta súbitos chispazos de buen humor. La luz delatardecer entra por la ventana, y completa ciertas escenas que bien podríanfuncionar como cuadros poéticos de la ritualidad que entraña la vida cotidiana.De pronto, la transmisión de una radio nos da ciertos indicios de lo que leocurre al personaje, que reacciona a los estímulos de la música y permaneceextrañada ante las  grabaciones.Esta es la relación menos lograda del montaje: la tensión generada por laexpectación a que la mujer rompa su propio silencio, se diluye en una serie decanciones un tanto sentimentales. Por el contrario, los videos proyectados en la televisión enrarecen elambiente y atrapan la atención del espectador.También se percibe un cuidadominucioso en el ensamble de los diferentes elementos: iluminación, disposiciónespacial de los objetos, ritmo de las acciones, etc. Y por supuesto, estátambién el gran trabajo actoral que alcanza a transmitir la luminosidad deciertos momentos que rozan la epifanía; y otros donde lo que domina es lagrisura y la apatía de una existencia frenética y obsesiva.

Laobra compone una exploración sincera de la soledad, y entrega un retratodetallado sobre la vida de un personaje que -sin decir una sola palabra- muevelas fibras del espectador y da pie a imaginar las circunstancias que la tienenen vilo. Cabe destacar el diseño de escenografía e iluminación de JesúsHernández, y el trabajo de asistencia de Marco Norzagaray. Entre el gran númerode montajes que se presentan en la ciudad, este definitivamente vale la penapor su inteligencia y por el riesgo que implica su propuesta. ¡Aprovechen yvayan al teatro!