Chilango

La ciudad de los ojos invisibles, de Armando Vega-Gil

Especial

Lo mejor de La ciudad de los ojos invisibles es lo fácil que resulta su lectura, pues pareciera un libro hecho a propósito así. Puede leerse por igual en el Metrobús que esperando a esa cita a la que se le ha hecho tarde. Esa facilidad, se la da, sobre todo, el hecho de que el Guacarocker cuenta relatos que son tan cortos que es posible resumirlos en refranes y tuits.

Sin embargo, a lo largo de las 280 páginas del libro, el autor también cuenta historias más largas (como La música de la confusión y Por una nariz), mismas que se desarrollan en tres o menos paginas.

La ciudad y las historias de amor y desamor son los personajes que le dan vida a este libro: las calles, parques, avenidas, hoteles, colonias, teatros y todos los lugares a los que se hace referencia en el libro crean el ambiente que le hace sentir al lector que está en casa.

Sin embargo, en el libro hay relatos que no terminan de convencer: sabemos que si de por si no es fácil escribir historias que hablen de la cotidianidad de la vida en el DF, el que esas historias no sean repetitivas es todavía más complicado. Aún más el que los desenlaces satisfagan a todos los lectores por igual.

Ese es precisamente el handicap que tiene este libro, las historias son tan cortas que después de leer unas diez puede resultar frustrante y aburrido saber de antemano cómo van a terminar.

En Caída libre, por ejemplo, ¿quién puede entender cómo una mujer –Violeta– que diariamente es acosada por un albañil –Doroteo, quien la desnuda con su mirada y noche tras noche le hace el amor en sus sueños (húmedos)– de un momento a otro decide dejar su trabajo, a su novio, a su ciudad y su carrera por irse con él a Canadá, de mochilazo, para entrar al Cirque du Soleil?

Otro ejemplo: en Cuello de Botella el lector puede esbozar una sonrisa de felicidad al descubrir que el hecho de llegar tarde a sus citas puede ser justificado, simple y sencillamente, con una paradoja espacio–temporal que no resulta ser otra cosa más que el tráfico vehicular que hay a diario en nuestra ciudad.

Hay relatos que parecen más inocentes, como Abrazar un árbol, donde el autor narra cómo un hombre ama tanto a un Sauce –cuyas ramas llenan de paz e intimidad su hogar– que puede andar desnudo con las ventanas abiertas sin que nade lo moleste.

Hay también historias tan circunstanciales que a cualquiera de nosotros nos podrían suceder, y eso hace que nos sintamos identificados. Tarde de perros en Hamburgo y Desnudos en la calle hablan de la fidelidad y lealtad de una pareja a la que, sin importar que estén peleados, siempre duermen sin ropa, hasta que un día deciden salir de la casa así, tal como duermen.

Si estás buscando una lectura sencilla con ideas y mensajes simples, y que al terminar de leer te deje imaginando en todas las historias que diariamente suceden en la ciudad, te diremos que este libro es para ti.

Para entretenerse un buen rato (Especial)

La ciudad de los ojos invisibles
Armando Vega Gil
Editorial: Zeta Bolsillo, 2011
No. de páginas: 280
Costo: $160