El verdadero origen del Día de la Mujer

Ya que estamos en pleno Día de la Roseada (no sean mal pensados, no me refiero a los arrimones sino a las toneladas de rosas (reales y virtuales) que andan circulando por ahí), aprovechemos para hablar un poquito de la historia del Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Así es, “Trabajadora” es parte del nombre oficial, pero suelen quitárselo. Hay varias versiones del inicio de este día y aquí van algunas.

Vámonos a la antigüedad. En la literatura griega abundan ejemplos de huelgas sexuales, como estrategia para mantener la paz. La primera mujer científica de la historia, Hipatia de Alejandría, es un icono de la libertad. ¿Por qué? Porque fue asesinada por pensar (el mito dice que la quemaron viva). En la Revolución Francesa, las mujeres marcharon con los hombres por la igualdad. Fue el parteaguas para reclamar nuestros derechos políticos (como votar, por ejemplo) y se redactó la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana en 1791.

A finales del siglo XVIII y principios del siglo pasado la cuestión se pone más fuerte. Las obreras se empiezan a dar cuenta de que no están en igualdad de condiciones respecto a sus compañeros. También comienzan las campañas a favor del sufragio femenino y contra la esclavitud sexual. En Chicago se celebra el primer Día de la Mujer en 1908, que era último domingo de febrero hasta 1914.  El 19 de marzo de 1911, alemanes, austriacos, daneses y suizos realizan el primer Internacional de la Mujer pidiendo el derecho al voto, la igualdad de oportunidades para ejercer cargos públicos y el derecho al trabajo.

En Rusia hacen su propia versión denominándolo Día Internacional de las Obreras. Las rusas fueron pioneras en lograr el voto para la mujer así como el divorcio y el aborto legales. La brillante Aleksandra Kolontái fue la artífice de estos avances. Ella, que es la primera mujer de la historia en ocupar un puesto en el gobierno de una nación y también la primera embajadora, estableció beneficios como el permiso de maternidad y las guarderías. También logró la despenalización de la homosexualidad (simón, esta lucha de la comunidad LGBTTTI es hermanita de nuestra lucha). Luego llegó Stalin y todo se fue por el caño… Pero esa es otra historia.

Posteriormente, se inician las protestas para la paz mundial debido a la Primera Gran Guerra y, por ahí, se colaba la petición para el sufragio femenino. Muchas de estas movilizaciones fueron reprimidas, hubo encarcelamientos y hasta muertes (por ejemplo, tuvo que ocurrir un horrendo accidente en una fábrica neoyorquina de camisas para que cambiaran la legislación gringa y las trabajadoras textiles se sindicalizaran). A mediados del siglo XIX, la lucha por la equidad cobra mayor fuerza con la liberación sexual.

Regresémonos a México lindo y querido. Aquí pasaron casi treinta años para que se nos ocurriera importarlo. Las mujeres del Partido Nacional Revolucionario (el PRI de antaño) y el Partido Comunista (disuelto actualmente) fueron las de la iniciativa en 1935. Pero no estamos tan mal. O sea, China se nos adelantó por unos años pero le ganamos a los gachupines (España lo empezó a celebrar en 1936). La ONU Se puso guapa y en 1975 declaró oficialmente el 8 de marzo como el Día Internacional de la Mujer. Luego le pusieron Día Internacional por los Derechos de la Mujer y la Paz Internacional (en esto último debrayaron).

Lo preocupantes es que se nos olvida que, detrás del discursito de “Felicidades, Mujer”, hay una historia grave de sangre y explotación, que en México es una celebración pero de los clichés. Suele ser como un 10 de mayo reloaded con “detallitos” que refuerzan el rol femenino tradicional y machista. Está padre el chocolatito pero el mejor regalo sería mejorar nuestra situación en serio.

Sí, hoy la tenemos más fácil. Pero todavía falta: chéquense los feminicidios, las estadísticas horripilantes de la violencia de género, la situación de las mujeres (y los hombres) indígenas, el acoso y la disparidad laboral, los vagones separados del metro y metrobús y ya no digo más porque no faltará el que me tache de feminazi.

Así que no sean chafas. No regalen toda la sección de electrodomésticos del súper. No manden esos pergaminos bien machines y cursilísimos tipo “niña y diosa por siempre”. Chavas, también pónganse buzas. No hay que hacer jaladas que perpetúan la misoginia tipo “¿cómo espera que la respeten vistiéndose así? Pero Feliz Día de la Mujer”. Échenle coco. No hay peor machismo que el que empieza en nosotras.