Emilia Restaurant es distinto, sorprende. Abres la puerta y escuchas a Bowie bien fuerte, nivel fiesta, en un pequeño salón de piedra, piel y madera. No lo esperas porque los restaurantes fine dining suelen ser discretos, pero este es eléctrico. Te llenas de una emoción bonita, sabes que te la vas a pasar chingón.

Lo rifado de Emilia Restaurant

Se siente como si estuvieras en la casa de tu amigo el que cocina cabrón. En este caso es el chef Lucho Martínez y siete cocineros más detrás de la barra reluciente. Son ellos quienes te sirven y explican cada tiempo. Está padre que en Emilia Restaurant interactúas con los creadores de tu cena.

Un fine dining así, divertido, le hacía falta a la ciudad. La cocina abierta, la barra cómoda y el ambiente fiestero hacen una experiencia rica, como para seguirla en el bar de enfrente.

Emilia Restaurant
Foto: Leonardo Pérez

Qué está rico en Emilia Restaurant

El menú es degustación. Por lo general son 10 tiempos pero puede variar. No hay sommelier ni cartas larguísimas; relájate, pídele recomendación al mesero, la selección de vinos y chelas está muy variadita. Si quieres hacerlo más divertido, pide el omakase y deja que el chef elija por ti.

Al primer bocado de la croqueta de escamoles con emulsión de perejil y serrano notarás que la calidad —de producto, técnica y sazón— es muy alta. Cuando llegue el ricotta con brocolini y vinagreta de kombu te darás cuenta de que la cocina de Emilia Restaurant tiene acentos asiáticos muy marcados. Después del steak de cebolla (con apenas un olorcito a humo), sobre puré de cebolla caramelizada, queso Cotija y demi-glace, entenderás que a esto se refiere el chef cuando dice que se trata de “cocina de producto”: de un solo ingrediente construye todo un plato.

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Steak de cebolla. Foto: Leonardo Pérez

Ya cuando devores la pasta fresca con salsa de erizo, chicatanas tostadas y flor de caléndula, pensarás “qué rico, qué bueno que vine a cenar aquí hoy”.

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Pasta fresca con salsa de erizo y chicatanas. Foto: Leonardo Pérez

Es muy posible que ese día el mesero te ofrezca un especial extra “por que el chef quiso comprar langostas o atún o…”. Si te toca el cuello de lobina con alioli de limón en conserva y chips de ajo, di que sí.

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Cuello de lobina. Foto: Leonardo Pérez

Seguro ya comenzaste a platicar con alguno de los cocineros y te contaron que los hermosos platos son únicos, hechos por artesanos mexicanos solo para Emilia.

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Lo chafa de Emilia Restaurant

Si acaso, que el único postre del menú (helado de toronjil con aceite y polvo de mandarina) está rico pero no es suficiente —comparado con el resto del festín, puede sentirse como decepción—. Pero igual terminas sonriendo con tu cafecito oaxaqueño —que puedes pedir dripper—.

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Helado de toronjil con polvo y aceite de mandarina. Foto: Leonardo Pérez

Lo inolvidable de Emilia Restaurant

¡La pasta fresca en salsa de erizo! Como para sacar un tóper y pedir itacate. En general, los platos ofrecen sabores que no encuentras en cualquier restaurante chilango.

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Emilia Restaurant:

Dónde: Río Pánuco 132, Cuauhtémoc
Horarios: lun-sáb: 19-22:30 (indispensable reservar)
Cuánto: $$$$ ($900 en adelante), tc: todas