Chilango

Machismo en el siglo XXI

Especial

Poco a poco el mundo entero se está convirtiendo en una sociedad de igualdad de oportunidades. Actualmente las mujeres pueden votar, trabajar en oficinas a las que antes sólo tenían acceso los hombres, ser líderes de diversas instituciones e incluso aspirar a un puesto presidencial, como Josefina Vázquez Mota. ¿Entonces por qué si tenemos los mismos derechos seguimos siendo tan machistas?

Aquí algunas hipótesis…

Porque nuestra mente sigue chapada a la antigua

Por más que creamos que somos personas de mente abierta, la verdad es que todavía estamos en pañales en esa cuestión. En la mayoría de los casos nos acostumbran a que el hombre es el principal soporte de un hogar y que la mujer es sólo una especie de apoyo extra. Cuando una mujer es quien tiene que mantener a la familia, nos compadecemos de ella y hasta vemos a su esposo como un desgraciado, irresponsable y flojo.

A simple vista es razonable, pero ¿cuántas mujeres son mantenidas por sus esposos y no las calificamos con los adjetivos anteriores? Es curioso, pedimos equidad de género, pero siempre veremos mal que un hombre se quede a cuidar la casa y a los hijos, mientras su esposa se va a la oficina. ¿Acaso nuestro inconsciente colectivo nos dice que la mujer no es apta/capaz de sostener económicamente a su gente? Pues tristemente sí, eso nos hace pensar. Y eso, señores, son síntomas de machismo disfrazado. 

Culpen a los libros de conquistas

Bueno, en realidad al 90% de los que pretenden explicarle a las mujeres cómo conquistar a un hombre. Y no se hagan: todas hemos googleado o leído en algún libro o revista notas sobre ese tema. Citemos a Sherry Argov, autora de Por qué los hombres aman a las cabronas: “Los hombres tienen grandes egos y necesitan que se los alimenten. Esto es lo que hace un ‘zorro tonto’*. En las pequeñas cosas, lo hace sentir que es el King Kong de su mundo”.

Bien, a simple vista parece un detalle tonto que, por cierto, podemos decir que funciona, pero visto más allá de la seducción y la conquista, ¿qué pasa si hacemos esto? Pues que además de inflar el ego de nuestros queridos caballeros estamos acostumbrándolos tanto a ellos como a nosotras mismas a que las mujeres dependemos de un hombre para nuestra supervivencia.

Eso, obviamente, es falso. Y sí, a las chicas nos gusta sentirnos protegidas y tener a alguien a quien admirar –aunque sea por cosas simples como poder cambiar una llanta–; sin embargo, hay que preguntarnos: ¿qué tanto jugar al zorro tonto está afectando la forma en que los hombres nos ven? Y peor, ¿cómo está modificando la percepción que tenemos sobre nuestras propias capacidades?

Por nuestras fantasías de niñas

Desde chiquitas, Disney nos entrenó para buscar al príncipe azul que nos llevará a su castillo en un corcel. Cursi, lo sabemos, pero importante. Si lo adaptamos al siglo XXI, o sea, si le quitamos toda la miel a la definición, quedamos con lo que muchas mujeres actuales buscan: «un hombre guapo que me mantenga».

El guapo está bien, lo entendemos, aunque muchas veces acabamos con hombres que más que parecer modelos de calendario, entrarían en la categoría de «bellezas exóticas»… pero lo machista está en que nos mantengan. ¿No que muy iguales todos? Sí, claro. Blancanieves jamás fue a trabajar a la mina con los enanitos. Mulán tuvo que disfrazarse de hombre para ir a la guerra. Al parecer, las mujeres son las dueñas de la casa y de los corazones de sus amados, pero los hombres son los dueños del mundo.

¿Realmente queremos igualdad de género?

En teoría sí, pues es maravilloso que podamos tener las mismas oportunidades que los hombres. Sin embargo, que levante la mano la mujer que se sienta cómoda con la idea de pasarse de 9 a 5 en la oficina mientras su esposo está en la cocina preparando sandwichitos para sus hijos, limpiando la casa, lidiando con los “marchantes”, pensando en qué cocinará para tener a la esposa contenta…

Estamos seguros de que muy pocas mujeres estarían de acuerdo con esto y no por ser machistas, feministas, ni nada, simplemente porque en México nos educaron de esa manera… Y ya saben lo que dicen: árbol que crece torcido, jamás sus ramas endereza.

*Con “zorro tonto”, Argov se refiere a mujeres inteligentes que fingen ser tontas o indefensas.