Chilango

La famosa ProsocDF

Foto: Cuartoscuro

El jardín ahora es como el propio patio de Diego: hay una casa para perro, platos de comida del animal e incluso una bicicleta que él usa los fines de semana y que el resto del tiempo está ahí, custodiada por el Mike, quien cada que alguien pasa no duda en meterle un buen susto y tirar mordisco al aire.

Este tipo de situaciones es bastante común en el DF: es la tercera causa de problemas entre vecinos. El año pasado, la ProsocDF recibió 379 quejas por vecinos en condominio que se apoderaron de algún área común y la convirtieron en espacio de uso privado. Además, se podrían sumar las 92 quejas que recibió la dependencia relacionadas con mascotas. Juntas representan 7% del total de quejas recibidas.

Pero eso a Diego no le impidió hacerse del espacio. Es más, el caso ni siquiera forma parte de las estadísticas de la ProsocDF, pues ningún vecino quiso reclamar. Prefirieron evitarse problemas y, como además en su edificio no hay administrador, ningún condómino quiso hacerse cargo ni contratar a alguien para que lo hiciera. El mismo Óscar tampoco se enfrascó en mayores discusiones con Diego. Sólo una vez le mencionó el problema de la peste por las heces del perro y Diego le contestó, con mal gesto, que haría algo. Nunca lo hizo y desde entonces dejaron de saludarse paulatinamente en los pasillos.

«La situación, obviamente, molesta a otros vecinos del edificio, aunque la verdad prefieren no reclamarle, a nadie le gusta buscarse problemas con los demás», dice Óscar.

Fuera del asunto de “el Mike”, nadie tiene mayores problemas al vivir en el condominio. No hay vecinos ruidosos y como el complejo es nuevo, el deterioro por la falta de mantenimiento es casi imperceptible. A ellos, de momento, les funciona así.

Una relación difícil

¿Qué hace que la vida en condominio sea tan difícil para los chilangos?

Alfredo Hernández tiene una teoría: «No sabemos vivir en condominio. Nadie nos ha enseñado. No hay conocimientos básicos de saber que el techo no es tu propiedad plena, los muros tampoco ni el piso. Cuando llegas a un edificio piensas que todo es tuyo. Pero no».

La opinión de Manuel González, especialista de la UAM, tampoco está muy alejada: «En el individualismo que vivimos la gente ve por su propio bien, por su familia, aunque vivan en una comunidad como una unidad habitacional. Mucha gente en un mismo edificio tira la basura como si su hogar fuera solamente de la puerta para adentro y no la propia unidad».

Según González, la solución es, precisamente, recobrar un poco de la conciencia colectiva de vivir en condominio, aceptar la convivencia como parte de pertenecer a una colectividad.

«Si coadyuvamos a que los problemas se perciban como comunes, entonces la comunicación entre vecinos se va a dar. Pero cuando los problemas se perciben como diferenciales entonces lo que vamos a generar son subgrupos dentro del edificio o unidad », dice el especialista.

Quizá por eso, Melissa se dio cuenta de que María no era tan mala vecina después de todo: un día por un descuido inundó su departamento y le dañó varios muebles. Melissa estaba aterrada, pero recibió una llamada de su esposo quien le dijo que María resultó muy atenta, se ofreció a pagar por los daños «y hasta le ayudó a trapear», recuerda Melissa.

Quizá por eso, también, Héctor Lozano está preparando a la siguiente administración de la unidad de SCOP para que aprenda a llevar la contabilidad y se involucre en la problemática de la gente que no puede pagar el mantenimiento, «para echarles una mano y poco a poco ir jalando todos», dice contento. Quizá por eso, Óscar está pensando seriamente en ser el administrador de su edificio para evitar, de manera pacífica, que su complejo se deteriore y que todos respeten las áreas comunes, incluido su vecino Diego.

Porque a pesar de que a diario viajamos hacinados en el transporte público entre el pesado tránsito de las calles, nos sentamos en cines y teatros llenos, paseamos en plazas comerciales y museos a reventar, la situación no deja de ser un poco a fuerzas. No hemos aprendido a vivir en comunidad. Quizá por eso, de las 6,729 quejas que recibió la ProsocDF en 2013, apenas un tercio se resolverá por la vía de la conciliación. El resto llegará hasta las últimas consecuencias, legales o no.

¿Cómo presentar una queja?

Primero te tienes que acreditar como condómino (es decir, como dueño del departamento con una copia de la escritura pública), poseedor (es decir, inquilino del departamento con una copia del contrato de arrendamiento o un escrito firmado por dos vecinos que afirmen que vives ahí), administrador (con tu constancia de registro como tal) o comité de vigilancia (o sea, quien vigila que el administrador –si lo hay– haga su trabajo con el acta de la asamblea general de vecinos que así te acredite.

Después tienes que ingresar a la página de la ProsocDF (prosocdf.df.gob. mx) y descargar el formato de queja, llenarlo y ubicar la oficina regional que le corresponde a tu condominio según su ubicación, ya que a ese lugar deberás llevar tu queja.

¿Qué esperar y qué no de la ProsocDF?

Lo que sí 

Te asesoran para saber qué hacer en caso de que tengas un problema con algún vecino relacionado con el edificio o unidad donde vives. Te ayudan a organizar la administración en tu condominio.

Incluso te capacitan a ti y a tus vecinos para hacerlo. Te orientan para registrar tu edificio o unidad en una propiedad de inmueble en condominio. Le dan mayor certeza legal a las decisiones que se tomen en conjunto entre vecinos cuando registran su unidad como una propiedad en condominio.

Lo que no

No son ministerio público. Aunque reciben tus quejas, ellos no sustituyen a las autoridades civiles y penales que resuelven conflictos. No intervienen (a menos que ambas partes así lo decidan) directamente en un conflicto entre vecinos. Recuerda que su trabajo es conciliar para que tú y tu vecino lleguen a un acuerdo. Tampoco son abogados particulares. Velan por la sana convivencia entre tú y tus vecinos, no por el primero que se acerque a ellos.

No obligan a nadie a nada. Es decir, recuerda que para solucionar un problema –sin llegar a consecuencias legales– debe existir voluntad por parte de los vecinos de llegar a un arreglo.