Chilango

Complicados de hueso colorado

Especial

No todos tenemos el mismo nivel de tolerancia: nunca sabes qué puede hacer enojar a alguien. Los delicaditos son, precisamente, esos individuos a los que todo les afecta. Se toman todo muy personal y ven moros con tranchete a cada instante. 


Para alivianarles un poco la carga (a ustedes, sus amigos), decidimos enumerar las jaladas que normalmente los alteran. Ojala estos amigos vieran todo con un lente más ligero y dejaran de hacer drama por todo:

 

1- Quieren invitaciones muy personalizadas

Siempre sienten que no son requeridos. Si por ellos fuera, exigirían invitación impresa para cualquier cosa. Usan frases como “yo no fui requerido”, “a mí ni me han dicho nada”, “no creo que quieran que vaya”, “invitaron a todos menos a mí”. Lo más molesto es que seguro tienen una invitación en Facebook que no han sabido checar y ya la están armando de tos.

2- Sienten que los ven feo

Alucinan que los ven con desprecio, se sienten “barridos” y observados. Cualquier persona que no sea santo de su devoción “tiene una mirada extraña”. Dicen cosas como “me echó unos ojos de pistola, terribles”, “no me soporta, lo sé por cómo me ve”.

3- No indagan, suponen

Piensan que todo lo que ellos creen es cierto. No se dan a la tarea de checar si realmente los odian o son suposiciones personales. Dan por hecho: “Ese guey me odia porque sí y ya”, “no le he hecho nada y por como me ve, sé que me aborrece”.

4- No creen en las coincidencias

Si un plan que les hacía mucha ilusión se arruina, eso no es una coincidencia del destino, para ellos sería un plan macabro que alguien elaboró para arruinarles la vida. La casualidad no forma parte de su vocabulario: “Sabía lo importante que era para mí”, “se le olvido algo en la casa a propósito”, “que casualidad que empezó a sentirse mal”.

5- Son stalkers profesionales

Los complicaditos y delicaditos se la viven checando las redes sociales para ver qué encuentran en su contra. Si muchos amigos hacen un plan y no los invitan, entonces es que ya no los quieren: “Se fueron sin mí”, “yo los presenté y ahora conspiran en mi contra”, “ese estatus es una indirecta para mí”. 

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6- Son muy posesivos

Odian que sus amigos se lleven entre ellos. Si los presenta, no es para que terminen siendo cuates… o algo así piensan. Son celosos y quieren que el mundo gire en torno a ellos. Eso sí, navegan con bandera de humildad, aunque quieren protagonismo.

7- Ven peligro en todo

Cualquier plan representa un enorme peligro para ellos. Ven problemas hasta donde no los hay y truncan sus salidas con pretextos muy raros. Quieren que los demás les solucionen sus conflictos, y si no lo hacen es que no los quieren: “¿Y luego cómo me voy a regresar solo en la madrugada?”, “saben que yo no voy a esas colonias, vayan ustedes”.

8- Creen que solucionan millones de cosas

Como el mundo conspira en su contra, ellos son capaces de salir adelante aunque todo sea complicado. Sienten que sufren más que cualquiera y que, a pesar de eso, logran solucionar los conflictos: “¿Por qué nadie se toma la molestia de solucionar el relajo que dejan los demás?”, “no sé qué hubieran hecho sin mí”, “Dios, ¿por qué todo me cuesta tanto trabajo”.

9- Cantan lo que dieron

Si se pelean con algún amigo, son los típicos que enlistan todo lo que dieron. Les arde dar y no recibir aunque digan lo contrario. No se les va una. Siempre se sienten traicionados por cualquier cosita: “Yo que le di el tip para la chamba que tiene hoy, y me paga así”, “yo lo conocí cuando no tenía nada”, “lo ayudé y me traicionó”, “yo he sido súper lindo, allá ellos…”.

10- Saludan reclamando

Es muy molesta la forma en que saludan, ya que disfrazan el reclamo con un chistorete. Ellos juran que sus cuates ya los dejaron de querer si no han podido verlos o no los han pelado: “Hola, ¿ya no me quieres?”, “ya pélame, burris”, “ya sé que amas más a otros, pero yo te quiero muchísimo”, “¿me estás evitando?, jajaja, no es cierto”, “no pensabas invitarme, ¿verdad?”.