Un clásico que se mantiene en pie por sus martinis, sus adictivas margaritas y su fantástico jardÃn, aunque no necesariamente por su carta.
No falla. El martini o la margarita hacen augurar la mejor de las experiencias. El mesero sirve un poco del brebaje en la respectiva copa y enseguida coloca la jarrita de plata que contiene el resto del lÃquido en un recipiente con hielo. El martini o la margarita conservarán asà su helada magia durante todo el tiempo. Pero hasta ahà llegará lo mágico. Cuando la comida arriba el concierto es desigual y la decepción sólo es matizada con los sorbos a la bebida.
Las Setas al Ajillo nadan en grasa y hay que perseguirlas. El Ceviche Acapulco es la suma de los lugares comunes del exceso de limón y salsa catsup. De las entradas, las únicas que logran satisfacer son las tres quesadillitas, pero son muy pequeñas.
En los platos fuertes, el Filete Tournedo Bernal está seco y las papas abundan, como queriendo suplir lo que la carne no da. Por su parte, la lengua a la veracruzana sà cumple los cánones. La carne de la lengua sostiene el ritmo del sabor en medio de todos los sabores de la salsa de jitomate, alcaparras y chile.
El postre sólo confirma que más vale que pronto lleguemos a los digestivos, donde de nueva cuenta el San Ãngel Inn nos devuelve al terreno que domina: los tragos.