No tienen nada en común en su tipo de cocina o concepto gastronómico, salvo la marcada distinción de su nombre, —sólo la siglas de su domicilio y el número— y una cuidadosa selección de los alimentos.
Por moda o por marcar el regreso de los restaurantes “de barrioâ€, todos los lugares tienen algo diferente que ofrecer: de fusiones atrevidas a la cocina casera; a las que vale la pena clavarles el diente.
El AO 206 es un restaurante en el que el chef Iván Etualian fusiona las técnicas e ingredientes de la nueva cocina vasca, con la gastronomÃa mexicana y japonesa. Etulain decidió nombrar asà al lugar, porque apostó al nombre de una de las avenidas principales de su barrio, la Roma. Para probar esta exótica fusión nada como el pato glaseado al piloncillo.
En el pequeño espacio que ocupa el OW9 se ofrece un menú diario a tiempos que, en comparación a cualquier otra comida corrida, resulta ser una deliciosa experiencia, porque te permite degustar las especialidades de diversas gastronomÃas en una sola comida.
En la Condesa el M52 es uno de esos rincones pocos conocidos; aunque tiene nombre de comando, es un lugar donde las pizzas y pastas son, de hecho, bastante buenas: todo es casero, recién hecho y, si asà lo prefieres, listo para llevar a casa.
C25es el restaurante de la Casa del Refugio Ciltaltepetl; un lugar dónde la música, las letras y la cocina tienden a congujarse. El concepto apuesta por la sofisticación de platillos internacionales, o por la personalización de los ingredientes; todo en versions muy sanas y ad hoc al ambiente y visitantes asiduos del Centro Cultural.