Probabilidades hay de que hayas visto el trabajo de David Weidman pero no lo sepas. De cualquier manera, él y colegas suyos como Charley Harper o Jim Flora, sin duda, influenciaron a una entera generación de artistas que crecieron mirando caricaturas y descubriendo vestigios impresos en mercados de pulgas y tiendas de antigüedades.
Distinguido alumno del Otis College of Art, Weidman principió su carrera profesional a comienzos de los cincuenta, trabajando como ilustrador comercial. Pronto se vio involucrado con la animación. Sus pigmentados backgrounds y gordinflones narigones abrieron las puertas de numerosos estudios filmográficos avant garde de la época.
Al principio, se trataba una tortuosa labor. El calibrar su extensa paleta de colores al blanco y negro de la mayoría de los televisores cincuenteros. Arduo y largo era el proceso. Los Fractured Fairy Tales, Mr. Magoo, Gerald McBoing-Boing y Charlie Brown, figuraron como algunos de los proyectos donde Dave estuvo involucrado.
La carencia de comisiones temporales que la industria del
entretenimiento ofrecía, condujo a Weidman por una interminable malla, rociada de
tintas y xilol. Con rasero como cubierto, paladeó el sabor de la serigrafía.
Por más de veinte años, el distante solitario californiano,
propagó montones de caprichosos y policromáticos carteles retacados de formas y
gamas de colores. Las mismas que hicieron a sus trabajos previos tan distintivos
y atemporales, pero que eludieron la fama. “Cuando comencé a imprimir, en un sentido, sólo reproducía
mis pinturas. No estaba familiarizado con el medio. Más tarde, cuando el método
se volvió lo suficientemente claro, lograr las imágenes deseadas se tornó lo
suficientemente complicado”.
Incorporando palabras y frases acidas connotadas de política y religión, David Weidman expresa sus pensamientos y puntos de vista a la par de su tintero. Una especie de terapia donde soldados armados de flores, osos grizzly con corbata, beagles con bombín y felinos malandrines, se recuestan sobre un diván de obsesiones e inquietudes.
A sus 89 años, el gran Dave vive con su esposa Dorothy en su casa californiana llena de cerámica y esculturas hechas por él mismo, reflejo de su peculiar y longeva perspectiva creativa.
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