Descripción
Pequeño, sin pretenciones y con aires ecológicos
Crítica
Este
lugar ocupa apenas un localito de cuatro por cuatro, con una barra para
despachar, una para comer y par de mesitas en la banqueta. Algo, que resulta
completamente coherente con lo que quieren lograr: vender falafel, pasarla bien
y hecharle un manita a las propuestas ecológicas y a los vegetarianos (y demás
actividades culturales que quieran anunciarse en la zona). La carta se compone
de cuatro platos únicos que no rebasan los $50 pesos y de cajón tienen todos los
días un barrilito lleno de "Limonana" (limonada con menta, fría) que por $7
pesos resulta un gran trato para acompañar los platillos. El falafel está muy
bien preparado, se nota la frescura y el toque de todo lo que está hecho al
momento y viene servido en pan pita con ensalada y aderezos. Los dueños
atienden todos los días in situ, incluso pedidos para llevar y a domicilio (en
la zona). Informal, barato y perfecto para un snack entre semana.