Rufus Wainwright intima en acústico

Reseña y fotos de su primera vez en México

Sandra Lucario

Sin más acompañamiento que las notas salidas de un piano, Rufus Wainwright se olvidó del “divismo” con que suelen relacionarlo alrededor del mundo y estableció una intensa conexión con el público defeño, que anoche cumplió su cita con el músico americano-canadiense que visitó por primera vez nuestro país. 

Rufus es más conocido en México por sus colaboraciones en bandas sonoras, por la campaña de Marc Jacobs contra el cáncer de piel y por su preferencia sexual. Pero, en esta presentación nos sorprendió con música en su expresión más pura, con un recorrido que fue del pop más lírico hasta la más compleja densidad sonora.

El lugar no se llenó, pero sus seguidores lograron hacer presencia en buena parte del Auditorio Blackberry. Fue curioso observar a una apresurada Julieta Venegas en busca de su lugar y a un sonriente y evidentemente emocionado Torreblanca, que aplaudía sin empacho. El punto común entre los diversos personajes asistentes era que, desde hace mucho, esperaban escucharlo en vivo.

Minutos después de las nueve, apareció en el escenario Wainwright, enfundado en unos jeans, con una camisa negra y un saco, algo bastante sobrio para lo que nos tiene acostumbrados.

Se dirigió al público como a viejos conocidos. Al principio del concierto soltó entre bromas que le cayó pésima la altura de la Ciudad de México y que había estado toda la mañana en cama”.

El viaje dentro del fabuloso mundo de Rufus comenzó con “The art teacher” . Atrás quedó el poeta caprichoso y se dispuso a seducir al público con su sorprendente capacidad vocal. Un anhelo de nostalgia inundaba la sala cuando sonaron “This love affair” y “Vibrate”.

Tomó la guitarra para interpretar “Out of the game” y “Jericho”. Estaba tan cerca del público que detuvo la canción un par de veces para entrar en el tono correcto y sonar como debía. Se disculpó en tono irónico, al mencionar que “su padre Loudon Wainwright tocaba muy bien la guitarra y no quería avergonzarlo”.

Los sencillos de su nuevo disco se escucharon impecables en su versión acústica. La producción de estudio hecha por Mark Ronson aleja a Wainwright de sus extravagancias sonoras, lo muestra más relajado, melódico y hasta cursi.

“Who are you New York?” y “Martha” del Songs for Lulu nos hicieron caer por una espiral emocional en la que compartió el luto por su madre. En el mismo “mood” emocional, y con una conmovedora dedicatoria a Jeff Buckley,  se escuchó “Memphis Skyline”. Casi uniendo acordes comenzó “Hallelujah”. A esas alturas fue difícil no derramar una lagrimita.

Un concierto temperamental, con escaladas y caídas libres que alcanzó su climax con “California”, tema en el que continuó presumiendo su variada colección de guitarras. Después vino “Going to a town”, de la que, entre risas, confesó haber olvidado el coro completito.

“Montauk” y “Cigarretes and chocolate milk” fueron de las más coreadas.

Rufus Wainwright dio las gracias en inglés y español en español.

La sala aplaudió de pie. Él salió. Pero los aplausos lo trajeron de vuelta. Regresó e interpretó tres canciones más, entre ellas ”The maker makers”, del soundtrack de Brokeback Mountain

Sonriente y juguetón, prometió que no dejaría el ánimo por los suelos y lo cumplió con “Foolish love”.