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Ayahuasca para bailar, Chicha peruana.

Lado B. Cumbia Psicodélica desde el Perú.

05 de julio de 2010
Por  carlos dávalos   

No es ningún secreto que la cumbia se ha convertido en uno de los ritmos latinos con más eco. Suena desde Nueva York hasta Buenos Aires, y en todos los lugares existen versiones locales que, mezcladas con electrónica, rebajadas o utilizando una variedad de instrumentos, son siempre un madrazo para la pista de baile. Y ni se diga de los sonideros y su nueva ola hipster, acá en el DF, atacando los barrios de siempre o colándose en la fiesta de alguna premier del C.C.C. ... por decir algo.

Una de las razones de esta novísima ola cumbianchera tiene su epicentro en The Roots of Chicha, el disco que salió en septiembre de 2007 y que le dio la vuelta al globo por medio de locutores o DJs. Un ejercicio compilatorio de cumbia psicodélica peruana que se aventó uno de esos incorregibles melómanos que van caminando por el mundo satisfaciendo su apetito musical. El chico es Olivier Conan, un residente de Brooklyn que lleva un bar que se llama Barbes. Y un sello, Barbes Records, que fue el encargado de publicar tan afortunada placa.

La música de The Roots of Chicha  es la típica ensalada de cumbia con ritmos locales (huayno, champeta, rumbas, etc.) que los amerindios generaron en ciudades como Arequipa y Lima en la primer mitad del siglo pasado, justo después de que el ritmo (cumbia) se exportara desde Colombia.

La diferencia está en la forma en que los temas, ejecutados por clásicos como Los Mirlos y Juaneco y Su Combo, fueron adornados con guitarras surf y sintetizadores fantasmagóricos. Todo en los 70s y 80s.  Reinterpretando a personajes como Alberto Pacheco, José Barros o Luis Enrique Martínez; compositores sudamericanos de principio del siglo pasado.

Incluso se sienten por ahí influencias como la rumba congolesa de Franco Luambo o sincretismo pop de Os Mutantes, todo filtrado por la psicodélica amazónica de la ayahuasca o la selva.

Y la letra es de desmadre, como en la siguiente canción, que canta una chica que se oye o calientísima o puestísima, diciendo: Ay Juaneco, dame tu ayahuasca  ssssss  que riiiiiiico: 

Canciones como "Para Elisa (del mismísimo Ludiwg Van Beethoven)," reinterpretada por Los Destellos o "Linda Muñequita," de Las Hijas del Sol, son canciones que automáticamente provocan. Ya sea para levantarse a bailar o para tomarse el trago que afloja.  También está ahí "La Danza de Los Mirlos," conocida en México como la "Cumbia de los Pajaritos," que ya es un clásico atemporal. Esta es la original:

Personajes de la radio como Marco Werman, que conduce ese famoso programa de la BBC (en el Reino Unido) y de la Public Radio International (en EU) llamado The World, lo han colocado como una especie de patrimonio musical popular.  La música también ha generado, evidentemente, los grupos actuales que intentan hacer los mismo pero desde Williamsburg. Como Chicha Libre, que generan un sonido muy similar pero solo con 2 percusionistas, guitarra y un electrovox, que es un acordeón con piezas de órgano adentro.

Sonido Amazónico, del conjunto Chicha Libre, desde NY:

Y si de psicodélia se trata, en México también hay para todos. Desde Puebla, Arturo Vázques y sus Los Telez, por ejemplo. Formando parte del soundtrack de Sleep Dealer, la película futurista de Alex Rivera que fue premiada por el Sundance Film Festival en el 2008. La Cumbia Galáctica:

La chicha, que es le nombre de un fermentado de maíz que se toma en la zona del Amazonas, es un subgénero de la cumbia que resucitó, poniendo bailar hasta el más tieso. Desde Brooklyn pasando por LA, hasta templos del género como el Zizek, en Buenos Aires, la cumbia regresó con todo.
Texto  
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