Más de 6 horas a ritmo de beat

El DJ 4 veces #1 del mundo en el Palacio

Armin Van Buuren dejó en claro por qué cada una de sus presentaciones en vivo es sinónimo de fiesta.

Poco antes de la una de la madrugada comenzaron a escucharse los primeros beats del holandés. El público, que llevaba ya casi cuatro horas esperándolo, y que tuvo que escuchar a Niko Glenn y Blake Jerell, los dos primeros DJs que calentaron la pista, gritó en cuanto vio sobre el escenario la silueta de Van Buuren.

Alrededor de diez mil personas escucharon A State of Trance, la nueva producción discográfica de AVB, que forma parte de la gira internacional que lo trajo a nuestra ciudad.

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Armin Van Buuren (Lulú Urdapilleta)
Conforme trascurrió la noche, la presentación de Armin Van Buuren pasó de ser un concierto a convertirse en una fiesta, y no era para menos: su show estuvo acompañado de cuatro pantallas gigantes (dos a sus costados y las otras dos arriba y abajo de él) que proyectaban líneas y curvas que se movian al ritmo de la música, y de un juego de luces de lo más completo: desde estroboscópicas que se encendían y apagaban al ritmo de los beats, hasta rayos láser que además de proyectarse por todo el recinto, por momentos llegaban a formar imágenes holográficas parecidas a una ola de mar, las cuales hicieron que el público disfrutara aún más de la música del DJ holandés.
 
El sonido, aunque en algunos momentos (luego de 30 minutos de que Van Buuren comenzó a mezclar) se llegó a escuchar un poco “sucio”, en general se apreció muy bien. Quitando ese pequeño detalle, que no duró más de 5 minutos, no hubo nada más que reclamarle a quien a esta hora ya se prepara para su presentación en Chicago.
 
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Van Buuren (Lulú Urdapilleta)
Aquí lo chido y chafa de la noche 

Chido

El tiempo que tocó, fueron más de cuatro horas.
 
El juego de luces, de lo mejor que se ha visto en el Palacio de los deportes. 

Chafa 

Los borrachos impertinentes que no podían faltar en un evento como éste.
 
Los muchos accidentes que ocurrieron durante el concierto, desde los clásicos borrachazos hasta caídas más fuertes que hicieron necesario el uso de sillas de ruedas y hasta camillas.
 
Los policías que acechaban a todos los que salían del concierto; a su humilde servido, que no realizó ninguna falta de tránsito, lo detuvo una patrulla con el pretexto de “una revisión de rutina por ser una alta hora de la noche”, me exigieron que les mostrara mis documentos, ellos nunca se identificaron y tampoco traían su placa a la vista. Uno de ellos se detuvo delante del número de la patrulla con lo cual así evitaría ser reconocido. Para todos los que van por esos rumbos, tengan cuidado.