Los Fabulosos Cadillacs y su potente ”¡digo no!”

Así estuvo el concierto en el Palacio

Lulú Urdapilleta (Ocesa)

Los Fabulosos Cadillacs son insuperables. 

Por eso llenaron absolutamente el Palacio de los Deportes, donde se veía a todo mundo compactado en un solo cuerpo —sólo dividido por un pasillo— en la pista, listo para moverse al son del primer trompetazo descomunal de esta gran banda argentina.

Y tal cual, cuando empezó con “Cadillacs”, la introducción tradicional de sus conciertos y del disco emblema —aun siendo recopilatorio— de la banda, Vasos vacíos, de 1993.

Vicentico se dejó ver entonces. Casi igualito al que conocimos hace como 30 años en disco y como 25 en vivo, cuando empezaron a ser constantes sus conciertos en México. Se siguió con “Mi novia de cayó a un pozo ciego” y entonces la bailada se puso mejor acompañada por su padrísima voz.

En buena medida todos —jóvenes y viejos)— íbamos a escuchar Vasos… ese álbum maravilloso, insuperable. Fue evidente cuando, todos, nos quedamos quietecitos escuchando las canciones más nuevas de los Fabulosos Cadillacs, varias de Sólo y Juan (2016) y las “tranquilitas”.

Algo de calma aunque, claro, la presencia de Vicentico era la que más nos mantenía con la vista clavada en el escenario, uno que la banda compartió por los hijos de algunos de ellos.

Las rolas nuevas no están nada mal, “Averno, el fantasma”, es buenísima, pero son famosas las fiestas de baile y música que se armaban en los años 90 en México, cuando cuerpos compactos de fans, similares a los de anoche, no parábamos de movernos, saltar y gritar en todo el concierto, con prácticamente todas las canciones, no sólo con las obligadas: “Manuel Santillán” o “Matador”.

Quizá los veinteañeros iban ansiosos de revivir esas leyendas que han escuchado de sus papás o visto en Youtube, de baile y clímax permanente, pero tuvieron que quedarse quietecitos durante algunos momentos.

Pero como no hay mejor público que el mexicano, nos rendimos ante lo fabulosa que es la banda cuando, aun con letras con una carga social y humana tan intensa, hacen arreglos tan bailables, tan “brincadores”, al tocar y cantar que un líder social fue asesinado por la policía o que un dictador tirano es una escoria.

Justo en “Malbicho”, Vicentico intentó hacer una pausa a la fiesta de gritos, cantos y baile que él y la banda habían reiniciado desde dos canciones atrás: nos pidió silencio y que quitáramos la luz al celular para cantar “a la violencia, a la injusticia y a tu codicia ¡digo no!, ¡digo no!, ¡¡¡digo no!!!”

¡Wow! ¡Qué gran momento! Este grito “¡digo no!” pareció unirse al discurso de todo el concierto, en el que con ilustraciones de Dr. Alderete, la banda se sumó a las peticiones mundiales para terminar con la violencia contra las mujeres a través del lema “Ni una menos”.

Pausa, una intervención musical y visual de Dr. Alderete, para que de nuevo saliera Vicentico y empezaran unos acordes que sólo los fanáticos irredentos de esa rola identificaron: “Satánico doctor Cadillac” y su final apoteósico: “los Cadillacs tocando para vos, ¡ye!”

Así de fabulosos son los Cadillacs; así marcaron un estilo y una pauta a muchos grupos en América Latina que es un éxito en concierto, aun con que su música —que sigue siendo buenísima, insistimos)— ya no es tan potente como en su época insuperable de más grande gloria, o quizá es simplemente diferente.

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