Los Babasónicos se ponen calientes

Sudor y baile en La Condesa

Adrián Mongua

En la noche hot del DF, los Babas también se pusieron calientes. Bueno, ellos siempre, pero esta vez el clima y sus fans, claro, hicieron ebullición con ellos. Adrián habla muy poco, en realidad no necesita hacerlo; su rostro y movimientos, transmiten esa forma de ser –entre cool, desdeñosa y cachonda– que cae tan bien a sus fans. “Soy hermoso”, canta siempre él. Y lo cree absolutamente. 

El show de Babasónicos anoche en el Auditorio BlackBerry apenas duró hora y media, con todo y el único encore, pero la temperatura de inicio al final se elevó. Quizá se puso tibia a la mitad pero no por eso fue menos intensa: con las parejas abrazadas y los amigos en bola haciendo coros entre canción y canción.

“¡Oh sí! Estoy mirando a tu novia ¿y qué? No tengo nada que decirte, ella me gusta y yo a ella también, ¡Oh sí! ¿Y qué? ¿Y qué?”

Menos teatral que siempre, con un vestuario discreto –comparado con sus atuendos ordinarios–, Adrián arrancó el grito desaforado de los casi cuatro mil fans que los esperaban desde hacía 45 minutos y que habían gritado a cada uno de los integrantes mientras llegaban al escenario: a los tres Diegos, a Gabriel y a Mariano, quien con su camisa azul y corbata neón se animó a cantar más allá de su micrófono en “Tormento/Pulpito”, la primera de la noche.

Pero la que siguió acabó de prender la mecha: “Oh oh oh oh, oh oh oh oh,  apretados, microdancing. No esperes nada de mí, No esperes nada de mí” cantan todos con Adrián.

“Deshoras”, “Fauno”, “Ideas”, entre las nuevas rolas. “Cuello rojo”, “El colmo”, “Putita”, entre las que más se quieren oír y bailar en el BlackBery. 

Los Babasónicos ya no juegan de visitantes en México, son locales desde hace por lo menos un lustro, entre visitas constantes no sólo al DF y giras con Zoé en los últimos años, que los han llevado a ser consentidos acá y llenar el lugar donde se presenten. Algo que queda plenamente claro, por si había duda, cuando cierran con “Yegua”. 

Y, por supuesto, de nuevo demuestran que son fáciles y no acatan límites: regresaron a cerrar con “El pupilo”, y, oh, maravilla ardiente, como la noche chilanga, “Los calientes” con la que parecen dar una orden a todos en el ambiente latente:  “Cómanse a besos esta noche-eee, hoy es tiempo y este es lugar”.

A la orden.