Mi Matamoros querido

Atenci?n, ev?talas si tienes el coraz?n roto

Su paso por este mundo podría parecer una novela o una película de ficción. Formó parte de la larga hilera de niños pobres nacidos en una familia numerosa, llena de carencias. Pero –en comparación con los otros– él sí logró sobreponerse y saltar a la fama, convertirse en un gran artista que vendió millones de discos, irse en incontables giras -con localidades agotadas-, sonar en la radio, firmar fotos, discos y cualquier parafernalia que tuviera su imagen.

Sin embargo, en el justo momento en que su carrera comenzaba a tener más y más fuerza, la tragedia llegó a su vida: Rigo desarrolló retinitis pigmentosa, la cual poco a poco fue dejándolo ciego. Además, sufrió vitiligo y tiempo después diabetes. Sumado a eso tuvo que soportar la muerte de "su señora madre" y de su hermano. Y encima, le entró a las drogas.

No fue más grande que Jesús, pero sí llenó más lugares que el Papa. El buen Rigo Tovar fue un adelantado a su época, tanto que fue él quien inventó la reventa. Sus presentaciones, más que tocadas de música tropical, parecían conciertos de rock o mítines políticos. A todo lugar en que se presentaba llegaba la policía –e incluso el ejército–, quienes custodiaban e imponían el orden. Algunas ciudades se quedaban –literalmente– como pueblos fantasma cuando él se presentaba: todos querían ver a Rigo.

En Monterrey, Rigo Tovar y su Costa Azul logró convocar a más de 400 mil personas. En ese mismo lugar, el Papa Juan Pablo II reunió a 300 mil.