‘La historia de La Maldita, ligada al terremoto’

Entrevistamos a Roco Pachukote

VÍA@caco_156
Cortesía del artista

La mañana del 19 de septiembre de 1985 sucedió uno de los temblores más fuertes que recuerda nuestro país, uno sumamente destructivo en la Ciudad de México, específicamente en el centro-norte, en las delegaciones Cuauhtémoc y Gustavo A. Madero.

En ese entonces, un joven Roco, vocalista de la Maldita Vecindad, se encontraba en la colonia Santa María La Ribera, y fue testigo del temblor, además, este trágico suceso y sus consecuencias fueron factor clave para que la banda existiera y se formara como la conocemos ahora.

A continuación la historia en palabras de Roco Pachukote, uno de los chilangos más chilangos que existe y que sin duda ha contado muchísimas historias de nuestra ciudad:

¿Dónde estabas la mañana del 19 de septiembre de 1985?

Estaba en casa de mis padres, en la colonia Santa María La Ribera a media cuadra de la Prepa Fresno; ahí crecí y fue mi barrio como hasta los 18 años. Nunca le había tenido miedo a los temblores, para mí era algo normal, entonces me acuerdo que nos despertamos porque sí estuvo muy fuerte, nos pusimos en la puerta, nada pasó, porque la casa era muy sólida, y yo me volví a acostar, carnal.

Como a los 20 minutos llegó mi hermano y me dijo que estuvo fuertísimo y que fueramos a ver la bodega de mi papá. En ese entonces mi papá era anticuario, librero y ahí guardaba todo, antes había sido fotógrafo de deportes y también tenía todo su equipo dentro. Hasta el fondo, en el último cuarto, era en donde nosotros ensayábamos porque ya nos habían corrido de todas las casas, jajaja.

Salimos y empecé a ver la calle y fue impresionante: ahí en Fresno se habían caído dos casas, en todo ese camino hasta llegar a la Alameda de Santa María La Ribera había muchas cosas con daños. También vimos mucho movimiento de personas que venían bajando por Flores Magón, de Tlatelolco, porque ahí si estuvo durísimo. Entonces nada más en ese transcurso de mi casa a la bodega, me di cuenta que había sido un gran terremoto.

Llegamos a la bodega, se habían caído muchas cosas pero no le había pasado nada; me metí al cuarto de ensayo y vi una viga que había caído apenas a 10 centimetros del piano, el único instrumento que teníamos ahí, un piano eléctrico que le heredó al Lobito su papá.

Después de ver nos fuimos a dar la vuelta, llegamos a Tlatelolco, vimos toda la movilización ahí, caminamos por todo Reforma, llegamos a la Roma y vimos que sí había estado muy fuerte.

Cumplen 30 años ustedes, igual que el temblor, tengo entendido que el sismo influyó mucho en ustedes…

La historia de la banda está totalmente ligada al terremoto. Desde principios de los ochenta yo había estado con varios de mis amigos haciendo música y funcionábamos como un taller, del 80 al 85, justamente en la bodega que te cuento de mi papá. Trabajábamos mucho la gráfica, la foto, hacíamos cine en Súper 8, éramos un colectivo creativo.

Sin embargo, el terremoto nos marca porque nos toca vivir toda la gran organización de la sociedad civil que surgió después del terremoto y específicamente nos cambia porque antes de eso funcionábamos como un taller. Por ahí del 84 habíamos hecho unas presentaciones pero fueron shows en los hoyos funkies, en el Frontón de Bucareli y la verdad no nos latieron para nada, no nos sentíamos identificados con lo que estaba pasando, con la banda que iba; eran las mismas juventudes del PRI las que organizaban los conciertos, anunciaban 20 grupos y no iba ni la mitad, a los pocos que iban no les pagaban, la tira te vendía “moys” y a la salida los mismos te apañaban y te quitaban todo el dinero.

Era una escena en la que no nos sentimos identificados, al mismo tiempo que, las veces que tocamos, la banda nos veía súper raro porque todos estaban acostumbrados al urbano y toda esa onda y nosostros salíamos con nuestras maracas, metíamos seis percusionistas, ibamos todos bien punks y terminabamos tocando ska. A alguna banda punk como los Masacre 68 o el Atoxxxico, que eran amigos del Tianguis del Chopo porque ahí crecimos juntos, les latía nuestro rollo, eran de la generación y pues se podía bailar, no les importaba pero mucha de la demás banda si era más cerrada.

En ese momento preferimos seguir ensayando que tocar ahí, porque a nosotros nos latía tocar música, no tanto salir a tocar. Entonces llegó el terremoto y, al vivir yo en la Santa María La Ribera, el Lobito en la CTM, el Tiki en la San Rafael, el Tejón, que era otro miembro de aquel entonces, en la Cuauhtémoc y otros amigos en la Santa Julia, o en la Morelos, Tepito y Tlatelolco, nos tocó el surgimiento de los grupos de damnificados del temblor y empiezan a llamar grupos, tanto de danza como de música, para hacer eventos culturales en los campamentos, en la calle.

Ahí es donde se nos confirmó que Maldita Vecindad si tenía un público y una escena que realmente podía dialogar con nosotros, porque al empezar a tocar en los campamentos de Tlatelolco, de la Morelos, la Roma, la misma Santa María La Ribera, lo hicimos en el contexto que habíamos soñado: la calle. La calle junto a los campamentos, junto a niños, señoras, y de todo.

Al estar tocando ahí sentimos que nuestra música tenía un puente con la gente como lo habíamos pensado, de hablar de nuestra realidad. Y fue algo muy fuerte, llegaban los chavos de nuestra edad y nos decía, “suenan medio punk, pero también bien loco”; llegaban los señores y nos decían, “ustedes suenan como Perez Prado pero más locochón”, la señoras: “Yo oía una banda que tocaba así, se llamaba Toño Quirazco, una canción que se llamaba ‘Jamaica Ska’“.

Empezamos a recibir mucho feedback de la gente y en ese contexto de todas las tocadas que hicimos con los movimientos de damnificados en el 85 y 86 fue que el temblor realmente nos marcó, porque ahí fue donde dijimos: “este es el lugar donde queremos tocar, muestra música tienen todos esos referentes con la gente, hay ese espejeo”. Y lo demás es historia.

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