El renacer de Siddhartha

Previo a su presentación en El Plaza Condesa

Cortesía

Probablemente para algunos el nombre de Siddhartha les remita a la novela escrita por Herman Hesse en 1922, donde el autor narra la búsqueda espiritual de un joven hindú. Quizá su concepción no está tan lejana de Jorge Siddhartha, el músico mexicano originario de Jalisco. Él (Jorge) es un tipo que transmite tranquilidad no sólo en su música, sino en su persona. O al menos eso percibí cuando tuve la oportunidad de conversar con él en el restaurante La Bonita, en pleno corazón de la Condesa.

Cuando llegué al lugar, Jorge ya había ordenado de comer. Era un caldo servido en trastes típicos mexicanos y, posteriormente, llevaron a la mesa un par de panuchos de cochinita pibil. Mientras él comía, platicábamos acerca de los nuevos festivales de música, de la moda y de cómo lo kitsch, ahora es cool. 

Tras terminar su platillo, empezamos la entrevista.

Desde mi perspectiva, tus canciones transmiten esta especie de ‘paz’ en cada letra, entonces me provoca gran curiosidad, ¿cómo es tu proceso de composición?

Usualmente componía con el método tradicional: guitarra, piano y voz. Pero ha ido cambiando con el tiempo. Cada vez ha sido más espontáneo y diferente el método. Últimamente, compongo en lugares y elementos distintos. De repente voy caminando, manejando o en un trayecto y empiezo a oír melodías o letras en mi cabeza y lo que hago es grabarlas con el teléfono. Hay veces que esas ideas ya están muy aterrizadas y lo que hago es llegar a imprimir en algo para que no se me olvide. Otras veces son como pequeñas ideas que me dan pie a desarrollar otras ideas. He compuesto canciones a raíz de un riff de guitarra, de un ritmo de batería. Pero en realidad, nunca he utilizado ninguna especie de fórmula. 

¿Siempre compones tu solo?

Sí. Sólo este disco tiene algunas colaboraciones. Es la primera ocasión en la que se abre el proyecto a este tipo de participaciones. Pero en general, lo hago yo y lo dirijo yo. Es un producto que inició cuando yo no tenía ayuda de nadie. No era una cuestión de ego en la que yo quiero hacer todo. Sino que, no tenía de otra. Yo tenía que bajar la batería, el bajo, o el teclado. Esto me orilló a que el proyecto se hiciera ‘tan mío’. Me hice controlador, ¿sabes? Ahora ya hay más gente que me ayuda.

¿Dónde te sientes más cómodo: en el estudio, en el escenario o produciendo?

En el estudio es una experiencia muy divertida, muy recreativa. Es como un taller donde estás trabajando full time. Disfruto mucho esa parte porque es la parte creativa y la parte creativa es la que más me gusta de hacer música. Disfruto esta parte un poquito más que el resto.

En cuanto a tocar en vivo es también súper divertido. Tocar con la gente y derrochar energía. Hace un equilibrio perfecto entre estas dos.

En el estudio eres como una especie de ‘Dios’ que hace todo…

Risas. Sí, en el estudio es eso y en la producción soy más bien el esclavo.

¿Cómo cierras ciclos creativos y de composición entre disco y disco?

Pues ha sido poco consciente. En el primer disco tuve todo el tiempo para componerlo. Sólo hacía las rolas por diversión. En el segundo disco me pegó un poco la realidad. Para el segundo, me di cuenta de que había pasado un año y no tenía ni una rola. Y ahí lo que hice fue darme un tiempo. Estuve viviendo un par de meses sólo en una cabaña y planee que en esa época nada me distrajera de estar componiendo. Grabé hice maquetas, hice, deshice. Lo que antes había hecho en un año, lo hice en dos meses. En este último recolecté ideas pequeñas, desarrollé las melodías que tenía pensadas. Una vez que el disco pasado empezaba a sentirse viejo fue momento de darme un espacio para componer. 

¿Sientes algún tipo de presión cuando estás componiendo música nueva?

Un poco sí porque yo nunca había visto a la música desde una perspectiva en donde yo estaba en la mira. Era algo que hacía porque me gustaba, si acaso se lo enseñaba a mis amigos y a mi morra. Cuando esto se hace público, no puedes evitar sentir la mirada. Y eso toma dos rumbos: Uno es que puedes llegar a hacer tu música pensando en complacer y esa vía creo que, por lo menos yo cuando he sentido eso de un artista, me ha dejado de gustar. Generalmente se siente esa vibra: ‘Wey, este tipo quiso hacer un hit para seguir pegando’ y como que me da miedo llegar a ese punto. Entonces, trato de no hacerle caso a la mirada exterior y más bien tratar de comprometerme más con lo que a mí me gusta. 

Platícame del discurso detrás de ‘El Vuelo del Pez’…

En los otros discos tenía muy claro el título. Desde que empecé, tenía bien pensado el disco, e incluso sabía cómo se iban a llamar. Pero con éste no. No tenía título, ni nada. Sucedieron dos cosas: el nombre me cayó de la nada. No tenía ni nombre tentativo, ni nada. Y de pronto, un día se me ocurrió de la nada. Y, después empecé a ver que tenía mucho sentido la frase que se me había ocurrido porque iba muy de la mano del concepto este de ‘cambio’ que yo estaba viviendo a nivel personal y musical. Entonces, ‘El vuelo del pez’, ¿cómo que el pez vuela? Bueno, pues ya evolucionó o se quiso salir de su hábitat porque tiene curiosidad de ver. Desarrolló su habilidad para poder salir del agua y ver qué pedo, qué hay afuera, ¿no? Una vez que sale emprende este vuelo del pez. Es un cambio de etapa. Una nueva vida.

¿Sientes que estás renaciendo con este disco?

Me pasa con cada disco. Es muy raro. No sé si es coincidencia o uno le quiere poner esa etiqueta, pero en cada disco he estado en una situación anímica muy distinta. Por ejemplo, en el primer disco todo era muy incierto. Yo venía de tocar con una banda exitosa y tuve que empezar de cero. Eso marcó un momento en mi vida y marcó el disco. Sin embargo, es mi disco más feliz. El segundo disco retrató una etapa que reflejó una parte más introspectiva por la manera en la que lo llevé a cabo. Y éste, justo hubo cambios que he tenido y, siento que está mezclado, tiene sus momentos pacíficos y también nostálgicos.

¿Tienes alguna rola favorita del disco?

Sí, tengo rola favorita. Pero también es cuestión de gusto. Cuando yo escuchó un disco, de repente te gustan unas rolas que, después de un rato le dan paso a que te gusten otras. Como que vas desmenuzándolo. Ahora la canción que más me gusta se llama “El Deshielo”, y fue la última canción que se logró, la última que le puse letra. Casi queda fuera del disco. Pero cuando llegó, fue la que para mí, le puso la pieza final. 

Si quieres escuchar ‘El Vuelo del Pez’ en vivo puedes hacerlo este sábado 8 de febrero en El Plaza Condesa. En verdad, vale la pena.