El show metalero de Cristian Castro

El 'Gallito feliz' mutó en 'Lügh Draculea'

Foto: Lulú Urdapilleta

¿Qué pasa cuando un artista quiere reinventarse? ¿Busca nuevos espacios sonoros, otras vías de creación, rutas alternativas para manufacturar una propuesta ‘fresca’? Christian Castro es famoso en su faceta pop, tiene miles de fans de habla hispana, nadie duda de su popularidad y los millones de discos que ha vendido en su carrera romántica.  

Lou Reed (RIP) intentó experimentar en terrenos de alto octanaje sonoro con Metallica, a pesar de su talento ¡Falló! Rita Guerrero (RIP) y Santa Sabina también quisieron explorar en terrenos progresivos. Cuando abrieron el último concierto de King Crimson en México fueron abucheados por querer ‘imitar’ el nivel del ‘Rey Carmesí’. 

Christian se sumergió en terrenos dominados por leyendas de la música. ¿Se puede mutar del pop a los sonidos pesados sólo con desearlo? Así, el “Gallito Feliz” se transformó en “Lügh Draculea”, Christian intentó algo similar al maestro Reed y el resultado no fue distinto, La Esfinge está lejos de ser un faraónico proyecto de metal. 

“Fantasmas” es un pop rudo carente de energía, está el “punch” clásico de un guitarrazo de metal pero no provoca que alguna “greña” circule sobre su eje.  

Algunas decenas de chicas coreaban cada movimiento, eran “amigas” de los integrantes de la banda, pero hasta los gritos sonaban falsos, sólo eran alaridos de compromiso por los guitarrazos de César “El Vampiro” López.

“Quiero Correr” es una mala imitación a Pearl Jam por momentos; sonidos vacíos, sin inspiración, hasta una tocada en algún garage del D.F. tendría más entusiasmo y originalidad. “Le queremos hacer un homenaje a Rita Guerrero porque la extrañamos. Te queremos Rita”, expresó Lügh. 

“Beso Negro” (y no es albur) fue lo más rescatable de la sesión, si bien no es una pieza virtuosa, la potencia más o menos se hace presente en cada acorde. Un experimento fallido, quizá el tiempo pueda pulirlo pero hasta entonces, serán un grupo más.