Adele domó el Palacio con su voz

La crónica del segundo concierto de la británica en la CDMX

Algunos superan los tropiezos amorosos publicando tuits despechados, escribiendo estados de Facebook donde la vida luce mucho mejor sin el o la ex. Otros, más discretos y amantes del cliché, tras el rompimiento se tiran en pijama el fin de semana pegados a Netflix, devorando helado y Nutella a cucharadas. Y hay quien como Adele, transforman su dolor y decepción en canciones que a cualquiera con un poco de sensibilidad le llegan, haya o no motivos para estar sufriendo por el amor.

Si a esas perlas confesionales le añades una voz como la que posee la cantante británica y el apoyo de notables productores de la industria popera, el resultado es el que todos conocemos: que hoy en día Adele es la Número Uno no lo duda nadie. Con estos antecedentes, la inclusión de dos fechas en el tour Adele Live 2016 en la Ciudad de México fueron una oportunidad inmejorable para comprobar con oídos propios lo que sólo habíamos escuchado digitalmente, pero nunca en directo.

El jueves 17 de diciembre de 2015 comenzó la venta de boletos para las presentaciones en el Palacio de los Deportes, pactadas para el 14 y 15 de noviembre de 2016. Tras una espera inédita de 11 meses, Adele Laurie Blue Adkins llegó puntual a la cita con la legión mexicana, un grupo heterogéneo lleno de parejas, familias completas, algunos solitarios, muchos menores de edad y más de un anciano cautivado por la magia de esa voz que trasciende generaciones.

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En esta gira se trata de shows pulcros, medidos, donde se asegura la mejor experiencia del público. Tan eficaz es la industria creada alrededor de Adele que lo único que se escucha entre la gente al terminar el recital son halagos: cada peso ha valido la pena.

Un show para 112 conciertos en tres continentes

Desde que comenzó este tour el pasado 29 de febrero, en Belfast, y hasta ayer en el Palacio de los Deportes, Adele ha variado prácticamente nada el desarrollo del show. La primera canción sí o sí es ‘Hello’, interpretada en un pequeño escenario central, entre miles de ruidosos fans e incontables luces de smartphones. Desde ese momento, la británica se echa el público a la bolsa, prácticamente sin despeinarse, sólo aplicando una primera dosis de esa voz de contralto, que suena tan, pero tan bien, sorprendente por su claridad en un venue tan complejo como el Palacio.

Cuando no está cantando, Adele da una impresión de simplicidad que contrasta violentamente con su estatus de superestrella. Es robusta, de piel muy blanca, bonita, sonríe todo el tiempo y la barba partida es su seña particular. Ataviada en un elegante vestido largo, oscuro y con aplicaciones brillantes, sus movimientos son descuidados. El maquillaje es moderado y el peinado lacio aún más. Un tatuaje de una figura alada en el omóplato derecho la hace lucir aún más como un simple mortal. Pero basta con que haga vibrar sus cuerdas vocales para que, desde dentro, se eleve entre la muchedumbre. Esa voz es un superpoder y ella lo usa sin piedad, con una facilidad pasmosa.

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Con ese poder, durante 100 minutos de concierto, Adele consigue domar la acústica salvaje del escarabajo de cobre. Los ingenieros de audio obran maravillas para que 18 músicos y tres coristas den cuerpo y melodía a las canciones sin que los sonidos reboten en el domo. Superado con honores ese inconveniente, la producción del show avanza como relojería suiza: el escenario principal, un triángulo donde se distribuye la orquesta, es también una pantalla gigante, donde se proyectan imágenes que van de un closeup orwelliano del ojo de la cantante a instantáneas que la muestran en diferentes momentos de su vida. También vemos escenas melancólicas, fragmentos de videoclips y hasta un recorrido en dron por la capital mexicana, que arranca las ovaciones del respetable.

Entre canción y canción, Adele disfruta interactuando con su gente. Es una profesional para conectar y romper el hielo. Con atropellado acento british, relata por qué escribió ‘When we were young’ y explica la importancia de ‘Chasing pavements’ para su carrera. Y se confiesa por enésima ocasión cuando presenta ‘Someone like you’, uno de los momentos más emotivos del show: “Como saben, esta canción es sobre una relación que terminó. Se la escribí a un exnovio que me quitó absolutamente todo, menos la habilidad de componer”.

Larga vida a la monarca del pop

Aunque no sea su propósito, el tour Adele Live 2016 deja en claro que actualmente no hay cantante que le haga sombra. Mientras que las estadounidenses Taylor Swift, Beyoncé, Lady Gaga y Katy Perry requieren de mayores esfuerzos en rutinas de baile, videoclips, personificaciones estrafalarias y producciones pirotécnicas, a la londinense le basta con plantarse en el escenario y concentrarse en su poder vocal, ese talento que fluye en canciones tan intensas como ‘Don’t you remember’ o ‘Set fire to the rain’, dos llamas que entran en combustión cuando Adele les da aliento.

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Sin pausas prolongadas ni cambios en el vestuario, la despedida es predecible. ‘Rolling in the deep’, ese himno que los bajacalifornianos Vázquez Sounds coverearon e hicieron famoso en nuestro país (seamos serios: ¿quién no ha visto más de una vez ese video? Subido a YouTube en noviembre de 2011, en cinco años suma más de 197 millones de reproducciones), marcó el fin del idilio con el público mexicano: una despedida amistosa luego de dos noches maravillosas, sin rencores, sin dolor… una de esas historias sin drama que, pueden apostar, no son las favoritas de Adele.

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